Tres poemas inéditos de Arturo Gutiérrez Plaza

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reglas claras

En la esquina superior derecha
de este mapa se indica el fin del juego:
«Aquí concluye todo»
(señala una leyenda en letras góticas).

Desde mucho, de tal advertencia
han tomado nota avezados cartógrafos.

Con la venia o no
del resto de los jugadores,
el azar dispondrá la llegada oportuna
de cada uno a aquella esquina.

Lanzar los dados de nuevo
no estará permitido.
Ya no quedarán fórmulas de escape
más allá de las trochas subterráneas,
clandestinas o imaginarias que geógrafos
y arqueólogos han sabido trazar.

La prédica común es simple:
el que gana
pierde.

Ya no habrá turnos para futuras apuestas.

Sobre ello no hay discusión,
pues por suerte el juego
que se juega sobre este mapa,
ha contado desde siempre con reglas claras.

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el muro

Será un sueño largo, eso es todo.
Eso será todo.

El muro donde te apostabas en la infancia
ya no estará, se habrá mudado al patio
de la casa vecina.

Las primeras mentiras,
esas que un día tembloroso confesaste
ya no suplicarán alivio
pero nuevamente las escucharás
dichas por otros, cuando te encuentres
con sus ecos debajo de los puentes.

Tus hijos volverán a nacer
como hijos de tus enemigos
y las amantes que a lo largo del camino
se despidieron de ti, con promesas susurrantes,
serán las llamadas a bendecirlos una vez más.

Dormirás profundo,
no habrá nadie que entorpezca tu sueño.

Los álbumes de familia serán
los libros escolares de los nietos que no tuviste
y lo poco que hayas escrito esperará su turno,
sin rencores, junto a la carroña,
en el fondo de algún despeñadero.

No sé si los pájaros te acompañarán.
Tal vez hayan enmudecido para entonces
o sean ellos los que sueñen con ser piedras.

Las mismas piedras silenciosas
del muro arrebatado de tu infancia
donde un niño cautivo se ha trepado
a solas para soñar este sueño.

Este sueño profundo
del que nadie te va a despertar.

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los oficios de la casa

Su madre muerta
ayer apareció a su lado.

Finalmente, todo había sido un mal entendido.

La desenterraron antes de que despertara
y continuaron en silencio
los oficios de la casa.

Su madre había muerto un día
en que amaneció cansada.

Los hijos la acompañaron
para decirle adiós,
la guardaron en un féretro
y la cubrieron de flores.

Agradecida, al principio enmudeció
pero ha vuelto
y lo ha dejado claro:
ya no aguanta esa soledad tan pesada.

Sin necesidad de hablarlo
siempre supieron que volvería.

Tanta tierra apilada encima,
aquejumbra los huesos.

Ahora duerme mientras se repone.

Desde el fondo vino para decirles
que no dejaran de quererla,
para recordarles que estar sola,
allá abajo, le hace daño.

Ellos en silencio la escuchan
y atienden los oficios de la casa.

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Arturo Gutiérrez Plaza. Caracas, Venezuela, 1962. Poeta, ensayista y profesor universitario. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Al margen de las hojas (1991), De espaldas al río (1999), Principios de Contabilidad (2000), Pasado en Limpio (2006) y Cuidados intensivos (2014). Entre sus libros de ensayos, investigación literaria y antologías, se cuentan: Lecturas desplazadas: Encuentros hispanoamericanos con Cervantes y Góngora (2009), Itinerarios de la ciudad en la poesía venezolana: una metáfora del cambio (2010), Las palabras necesarias. Muestra antológica de poesía venezolana del siglo XX (2010) y Formas en fuga. Antología poética de Juan Calzadilla (2011). Ha obtenido, entre otros, el premio de poesía Mariano Picón Salas (Venezuela), en 1995; el Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz (México), en 1999. Es profesor titular jubilado de la Universidad Simón Bolívar y actualmente se desempeña como profesor visitante en la Universidad de Oklahoma.