Contra las grandes obras en tiempos de miseria

Héctor Hernández Montecinos

 

Existen poemas, existen libros y existen obras. Esta simple diferenciación sirve para separar aguas en lo que a poéticas y autores se refiere. Ninguna es mejor o peor que otra, son solo maneras de encarnar el oficio poético y ciertamente el talento. En esta última distinción, es decir las obras, hay algunas que superan todo designio del género lírico montándose en seiscientas, ochocientas o casi mil páginas de una escritura que logra no como otras hacerle el contrapeso a un minuto de vida[1].

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Ay de mí

Por Héctor Hernández Montecinos

Escribir para mí es una forma de vivir, de ser un algo-en-lenguaje. El performance es vivir fuera de ese yo identificado, de esa verdad de sí de la que hablaba Foucault. Como te decía antes, no tengo o no reconozco temas en mi escritura, no soy dueño de una sola voz, quiero que cada uno de mis libros sea antagónicamente distinto uno del otro. Yo mismo soy cambiante, contradictorio y ciertamente confuso. La escritura le dio un formato a mi vida y no al revés. Yo creo en la creatividad, siempre de abajo hacia arriba, es parte de todos los seres humanos, niños, ancianos, campesinos, indígenas, etc. Es su herramienta del día a día para sobrevivir. Una persona creativa con una cebolla, una papa y un huevo hace una comida para diez personas. Nos sirve para poder ver el mundo y enfrentarlo con soluciones, ideas, nuevos giros. (más…)

El renacimiento americano

Apuntes sobre poesía Latinoamericana

Por Héctor Hernández Montecinos

Se trata de un viaje. Se trata de un viaje por una genealogía. Se trata del devenir de ese viaje y de la interrupción de esa genealogía. No. Se trata de un yo que se ahoga en sí mismo. Se trata de un nosotros que lo quiere salvar desde la impersonalidad. Se trata de un yo (g)noso-trizado. No. Se trata de tratar un lenguaje. Se trata de hablar hacia adentro. Se trata de desescribir lo que allí aparece. (más…)

Algo huele a podrido aquí

Apuntes sobre poesía chilena

Por Héctor Hernández Montecinos

Un texto no es un texto más que si esconde a la primera mirada, al primer llegado la ley de su composición y la regla de su juego. Un texto permanece además siempre imperceptible. La ley y la regla no se esconden en lo inaccesible de un secreto, simplemente no se entregan nunca, en el presente, a nada que rigurosamente pueda ser denominado una percepción.
Jacques Derrida
La diseminación

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