Poemas de Mário de Andrade

Soy trescientos

Yo soy trescientos, soy trescientos cincuenta,
las sensaciones renacen de sí mismas sin reposo,
¡Oh, espejos! ¡Pirineos, oh! ¡Caiçara!
¡Si muere algún dios, iré a Piauí a buscar otro!.
Abrazo en mi lecho a las mejores palabras,
y los suspiros que doy son violines ajenos;
¡piso la tierra como quien descubre a escondidas
en las esquinas, los taxis, las gotas sus propios besos!.
Soy trescientos, trescientos cincuenta,
pero un día al fin toparé conmigo.
Tengamos paciencia, golondrinas cortas,
Sólo el olvido condensa,
y entonces mi alma servirá de abrigo.

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Danzas
(parte I)

¿Quién dirá que no vivo satisfecho? ¡Bailo!
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Baila el polvo en el vendaval.
Rayos solares se mecen en el polvo.
El calor da brincos por la plaza
……………………prisa
……………………aglomeraciones
……………………automóviles
……….bamboleos
…..saltos ariscos de gritos
tranvías zapateando en los caminos…
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¡La moral no es ropa diaria!
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¡Sólo soy bueno los domingos y los días santos!
¡Sólo a medias el día santo es cotidiano!
……………………Vida
……………………dinero
……………………crímenes
……………………anonimato
……………………¡cama y panza!
…………¡Viva la danza!
…………¡Danza viva!
……¡Longevo de alegría!
¡Bailo!
Manos y pies, músculos, cerebro…
……Demasiado trabajo me dejó calvo,
……¡di un salón a mis pensamientos!
…………………..¡Todo gira,
…………………..todo vira,
…………………..todo salta,
…………………..samba,
…………………..valsa,
…………………..canta,
…………………..ríe!
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¿Quién fue el que dijo que no vivo satisfecho?
¡YO BAILO!

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Improvisación sobre el muchacho muerto

Muerto, suavemente reposa sobre las flores del ataúd.
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Hay momentos así, en los que la gente viviendo
esta vida de intereses y luchas tan bravas,
se cansa de cosechar deseos y preocupaciones.
Entonces para un instante, suelta el murmullo del cuerpo,
la cabeza perdida deja de imaginar,
y llega suavemente el olvido.
¿Quién hay que entonces goce de las rosas que lo rodean?
¿La vista bonita que atraviesa el automóvil?
¿El pensamiento que lo hace héroe?
El cuerpo está sin velo echado sobre un mueble,
un gesto que paró en medio del camino,
gesto que olvidó la gente.
Muerto, suavemente reposa sobre las flores del ataúd.
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No parece que duerma, ni digo que sueñe feliz, está muerto.
En un momento de la vida el espíritu se olvidó y paró.
De repente se asustó con el ruido del llanto alrededor,
tal vez sintió una decepción muy grande
por haber soltado la vida siendo fuerte y siendo joven,
sintió despecho y no se movió más.
Y ahora no se moverá más.
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¡Vete lejos! ¡Vete lejos, muchacho muerto!
¡Vete lejos, que ya no te conozco!
¡No vuelvas de noche a pasear por mi destino
la luz de tu presencia y tu deseo de pensar!
¡No vuelvas a ofrecerme tu esperanza temeraria,
ni a pedirme la conformidad de la tierra para tus sueños!
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¡El universo muge de dolor en los claros de los incendios,
las inquietudes se cruzan en el aire, alarmadas,
y es enorme, insoportable mi paz!
¡Mis lágrimas caen sobre ti y eres como un sol quebrado!
¡Qué libertad en tu olvido!
¡Qué independencia firme en tu muerte!
¡Vete lejos, que ya no te conozco!

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(Sin título)

Vaga un cielo indeciso entre nubes cansadas.
¿Dónde está el quejumbroso? El mal de las almas
casi parece un bien en la línea de las calzadas,
la palabra se invalida en las brisas calmas.
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¡Tantos transeúntes donde estoy! Mientras, el día claro…
Toda forma de acción se disipa en atonía,
hay desamparo y aceptación del desamparo.
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– La vieja historia de amar cuando comienza el día…

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Mário de Andrade. Brasil, 1893-1945. Poeta, novelista y crítico. Entre sus libros destacan Há uma gota de sangue em cada poema (1917), Paulicéia desvairada (1922), Losango cáqui (1926), Clã do jabuti (1927), Remate de males (1930), entre otros. Por su libro Paulicéia desvairada, de Andrade es considerado uno de los primeros representantes del modernismo brasileño. Las traducciones del portugués fueron realizadas por Adalber Salas Hernández.

Adalber Salas Hernández. Caracas, 1987. Poeta, editor y traductor. Miembro del comité de redacción de POESIA, Salas Hernández actualmente cursa estudios doctorales en la NYU en Nueva York. En 2015 fue merecedor del XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita por su libro Salvoconducto. Su su poesía ha sido incluida en distintas antologías del país.