Poemas de «Estatua de sal», de Cristina Gutiérrez Leal

Cristina

A la señora Martha Cristina.

Me nombraron Cristina por una amiga desahuciada de mi madre.
La señora Martha Cristina me heredó su segundo nombre,
…………………………………………………………su adolecer.
Cuando sucumbo al reproche
mi madre me consuela diciendo que también tengo el nombre de Cristo.
Él también vivió desahuciado, mamá.
Tengo nombre de mujer muriendo
…………………y de hombre clavado en la cruz.
Eso lo explica todo.

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IV

Hay mares que llegan con sus olas antiguas
a golpearme el lomo,
a recordarme cuántas mentiras he tenido que decirme
para soportar el ruido de algunos barcos.
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Esta marea no tiene ojos,
……….sólo brazos largos para tantear mis orillas
……….rasguñarlas de vez en cuando.
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Yo no sé cómo dividir estos mares,
……….cómo llegar a la tierra prometida.
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Estoy del otro lado,
creyéndome a salvo
ahogándome sólo un poco.

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Mi Cruz

A Cruz, mi madre.

Pensándolo bien, Jesucristo
en algo por fin nos parecemos:
ambos tenemos una cruz.
La tuya redimió al mundo
la mía sólo a mí.
No debo cargarla
soporta todo mi peso
mis coronas de espinas.
En ella lavo mis pecados
y los únicos milagros que he visto
tienen su nombre.

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VIII

Es hora de acumular ciertas certezas, me digo.
Es que uno abandona la cama
intenta caminar escamoteando el hundimiento
entonces en el pecho se crece ese maldito ardor.
………..Para envejecer quietos necesitamos certezas.
Me digo esto sobre todo los días
en que la tragedia asoma su cola y nos deja doblados, torcidos.
Anhelo enterarme cómo somos escogidos para sufrir
quiero saber
si ese animal que provoca desgracias se despierta
se bate un poco, estira los brazos
y sus lagañas matutinas caen al azar.
Es necesario tener la certeza, me digo
de que la tragedia no toca de a una por persona
…………………………………………………..como el amor.
Que bien podemos tener todas las plagas una tras otra,
sin opción a quejas, a berrinches, a póstumos dramas existenciales.
Nos enseñaron a dudar, a sospechar, a preguntar.
Sí.
pero esta súplica que extiendo hoy,
………………………………………………………………(Léase bien: súplica)
es para ofrecer todo cuando tengo
para que alguno venga
a regalarme la certeza
de que cuando las nuevas tragedias pasen
ya no vendrán más
que estaremos absueltos.
Quiero decir que ofrezco mis viajes todos
a cambio de que alguien venga cansado de tanto correr entre uno y otro
destrozo
y me diga
que ha pasado una rayita encima de nuestros nombres
que no me queda un amigo
un ser amado
pendiente por recibir los coletazos de la desgracia.
Que todos han sido ya marcados.
Que fue suficiente.

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Cristina Gutiérrez Leal. Coro, Venezuela, 1988. Poeta. Licenciada en Educación, mención lengua, literatura y latín (UNEFM), magíster en Literatura iberoamericana (ULA) y fotógrafa aficionada. Sus artículos, fotografías y poemas han sido publicados en diversas revistas digitales. Ganadora de la XX Bienal de literatura José Antonio Ramos Sucre, con el poemario Estatua de sal. Actualmente realiza estudios doctorales en la Universidad Federal de Rio de Janeiro.