Poemas (inéditos) de Alan Mills

Dos héroes en la sombra (figura de cuerda)

Alguien dijo alguna noche,
Frente a la pequeña centella
De una vela:
“Hagamos sombras con las manos”,

“Pongamos oscuridad en la pared”,
Alguien intuía que sus sentidos
Se habían perdido miles de historias,
No sabemos si más hermosas,
Más extrañas o más perversas,
Nubes borrándose en la pantalla negra
Que nuestra cabeza usa como cielo.
Alguien dijo alguna noche,
Con una cuerda entre las manos:
“Formemos vida con los dedos”,
“Hay que encontrar lo desaparecido
Entre una mano y la otra”,
Pues sabía que sus sueños eran el tejido
De una leyenda recordada a lo lejos,
Con un sistema lacustre lleno de héroes,
Bandidos, raros rebeldes de raros mundos
Que todavía no se pueden describir
Ni siquiera con figuras de cuerdas.
Todo esto dijo alguien una noche.

La vida pura

Soñé que me nacían libros de las manos.
Mis dedos estaban hinchados
Como mujeres en cinta
Y se ponían a parir libros sin descanso.
Libros de papel, libros electrónicos,
Libros diminutos, libros inmensos,
Libros de ficción o de poesía delirante,
Libros de ensayo,
Libros sin género definido.
Unos libros me parecían
Más bellos que los otros,
Mas todos lucían resplandecientes,
Muy vivaces.
Era una paridera bien animada,
Con música clásica y toda la cosa.
Johannes Brahms: “8 Klavierstücke”.
Pero entonces entró en la habitación
Una mujer con cara de caballo
Que quiso detener las labores de parto.
Llevaba unas tijeras gigantes de jardinero.
Se fue acercando poco a poco,
La malparida sonreía de verme tan asustado,
Iba a resultarle un asalto bastante fácil,
Eso podía verse, “a piece of cake”,
Si no hubiera sido porque uno de los libros
–una novela, según entendí–
Abrió sus pastas y se devoró a la intrusa
Como un león a una gacela.
La sangre inundó el cuarto
Con su impulso pirotécnico.
No mostró ningún asomo de piedad,
El libro, tampoco de rabia,
Simplemente se comió a la presa
Como si fuera lo más natural del mundo.
Se la comió con hambre animal,
El libro satisfacía su inveterada
Necesidad de alimento.
Cuando terminó de masticarse
A la mujer con cara de caballo,
El libro eructó, se limpió las páginas
Y se puso a construir estanterías
Con los huesos chupados.
Me dieron ganas de ayudarle,
Parecía una tarea entretenida,
Pero mis dedos no paraban de parir,
Más que un dolor puro y duro,
Sentía una mezcla sabrosa de placer
Entretejiéndose
Con el ardor más dramático.
Estaba tan conmovido
Que rompí en santo llanto,
De mis ojos comenzó a brotar
Una leche negra que alimentaba
A los libros recién nacidos.
Me llenó de satisfacción contemplar
Cómo les crecía una página tras otra.
En algunos casos alcancé a distinguir
Las palabras que se formaban
Gracias a los surcos de la leche negra.
Unos párrafos estaban bien escritos,
Otros se iban corrigiendo mientras
Mis dedos seguían dando a luz.

 

Selfies

Mil rostros en una galería virtual:
Cada uno es una vida no vivida,
El destello cristalino de un clamor oculto.
En una sonrisa encuentro al idiota muerto,
Y en otra, idéntica, vibra un ser melodioso,
Como el proyecto de lo que jamás fui.
Las imágenes participan en silencio
Del festín destructor de nuestros cuerpos,
Evolucionan más despacio que el órgano caliente,
Parecen estáticas aunque su velocidad sea luz.
Mira: me despierto de un salto y veo el reflejo
De mi sonrisa en la pantalla, oh sí,
Es totalmente distinta a la de las fotos:
Ves el real despunte de la fiera.

TV

Veía constelaciones y galaxias,
Con otras constelaciones adentro,
Estrellas y planetas estrellándose
Contra las estrellas,
Caían los meteoros como galletas
En el plato de leche,
Una serpiente con plumas
Dibujaba espirales de infinitud
Y el cielo todo se traslucía,
Era una forma de reflejarnos
En la piel de una hembra encendida,
Entrevista tras la pantalla:
Ella hacía de protagonista en una película
En la que me expulsaba del Universo,
El cuento de uno que se cansa del otro
Y lo echa a patadas a la calle, sí,
Ella me había convertido en un mendigo,
Era un sonámbulo en una ciudad extraña,
Contemplando la materia oscura
De una televisión apagada.

 

Libélulas

He visto el esqueleto de mi alma,
y no he tenido miedo.
María Bautista

Jamás dejaré de ser lo que nunca he sido,
Es mejor quedarse vacío como un poste de luz,
Ya sé que está apagado, por eso mi cabeza
Se parece a una bombilla rota vuelta lumbre,
Mírame, no puedo ser lo que ves que no soy
Mis ojos resplandecen en tus ojos (un deseo,
Una oscuridad muy parecida a los colores),
Y es como irse creando con el movimiento
De tus párpados sacudidos como libélulas
Que se mueren en otra vida, en otro mundo,
En otro sueño donde me dejas de soñar,
En una desviación silenciosa de la realidad,
En cualquier espacio iluminado por tu voz.

 

Alan Mills. Guatemala, 1979. Poeta y traductor. Desde el 2012 vive en Berlín, Alemania. Ha publicado, entre otros, los libros Marca de agua (2005), Síncopes (2007; 2010) y Pasan poesía en la televisión apagada (2013). Sus poemas aparecen en las principales antologías de poesía hispanoamericana contemporánea. Los textos inénidos fueron remitidos a la redacción de POESIA por el poeta Mills. La fotografía utilizada en la imagen de cabecera fue enviada por el autor.