ororó – canción para un párpado

Ana Strauss

 

I

(fragmento)

mi mujer, yo, esa esa mi mujer
entre mis dátiles, te pediría canela
tejer mi clorofila

 

 

basso continuo: [ ahora horadando el vino

 

 

que se va de la mano
de la mano vino a decir, mujer de la mano
mujer que viste algo de piel
anclada así

 

todo y todo el tiempo
tornasol en el mantel
una línea en tinte negro
una mordaza pinta el labio

 

 

tejer sombra
y la forma en que el sol signa
la hendidura en la piel y derrama un lazo
un día habrá

 

:

en el agua una taza de copa abierta, delineado el ojo
los aretes
y el almuerzo del rocío
hombre, mujer y tomarte como hombre mujer el cuerpo ese lugar
común donde la tierra el plano y el mosaico, sostengo su mano,
duermo al alba, tarde duermo y sueño al alba, atravesar el punto
donde ya he dejado el cuerpo, temen hombre mujer, temo por ejemplo

:

 

la palabra sol
derrama su luz   demasía
el color en la vocal donde me ovillo
buscando algo de sombra
allí cuando la mirada se vuelve
y la mirada descubre el rostro en la mano del que mira
la línea del rostro donde fuimos manos
el minuto donde las manos otean

 

el labio
en la quebrada, danzar el galope, llegar a la ensenada,
hacer la clorofila, la luz en demasía ella, mortero, blanca la luz purísima,
al blanco mortero de la escalinata

:

:

el rostro, la línea de cada letra hecha
y la línea del rostro
dirá
velada
y qué se mira en el rostro
qué se mira en la cara querida
qué se mira en la línea que define el gesto
la cara hecha a media hora
en la hendidura
ramo de sal

 

sobre la piel

 

:

II

(fragmento)

los dedos de una mano
las luces
atardecer
una taza en la mano
el mareo se adelanta
recorre cada una de las extremidades
allí no reconozco las orillas
de mis palabras nada
se me vacían los ojos
el pulso de la casa
días se destilan o deshilan
palpo un rostro anterior entre mis manos
mirar antes, mirar lo que viene andando
entre lo que es mi cuello y sigue allí
llueve
de allí la imagen
primero la comisura
primero en la comisura
primero está la comisura
cierro las pupilas
pliego las pupilas
desarraigo las pupilas
haciendo mi jazmín de noche
me zambullo en mi paso a paso
me retumbo en mí
trazo un círculo en la pupila
en el telón, allá al fondo, hacia el jardín de mi cuello
el cachete recién arañado
muescas, ahora
en mi lengua sujeto agua
la tarde en los tonos de la taza dibuja mi mano
los pies pierden pie en la arena
en la arena
he perdido la mirada de mis pies
mi sombra más lejos
me desmembró de mis otras orillas
debería yo
rascar mis manos hasta encontrar aceite
fuego, brasas
debería
hacer dunas, arena, debería hacer arena y más arena
debería entre mis manos
hacer arena
deletrear luces
al cabo de unas horas se abren los ojos
se recobran los ojos
las manos palpan piedras
se hace una pedrería en la garganta
perlas
hice una alianza de ojos
y he olvidado qué decir
párpados azules
lapislázuli
cuando se dormía alguna vez
frente a las manos
y casi arañando
una manía de lavarse la cara
para desalojo del último bostezo
las malezas giran en el viento
hacen los volados del rebozo
una inicial sola
sola
al borde del interior
esa inscripción anterior
en los dedos la arena
eso que en remolino rasando
mientras el día dura eso y se vuelca el cuerpo
en el azar
en el azahar
en el lugar común de la belleza
de nadie
mil muchas veces trasnochada
la belleza de la rosa
y te digo rosa y de marchitarse
tomando en mano
el descalabro que auspician mis manos
en el aire lo puntual del murmullo
la rosa, mira, la rosa
la rosa
es mirada
aunque la rosa completa sobre la mesa
llamo a esa rosa
la cito
la rosa no es medida
no la mesa
sí lo que aún sobre la mesa queda y sea el resto
golpeando todo lo dicho esa tarde, pasa la mano zumbando
no había enredadera
no había nombre
la casa
el sol
los alambres
había, demasiado sol había
entre los pasos
esos pozos de arena
torrente quemada de azúcar
el año romano, el grado de la letra capital
año romano y queman los pasos
detenerse en el murmullo
dentro del murmullo
el graznido
el tono
boca burlona
y sonreía
jugando entre los espacios y lo que quedaba de espacio
el aire quedó a tres segundos detrás del tiempo
dédalo, diantres, máscula, arroyo, rueda que gira, pluma bajo oscuro cielo,
(imagina su voracidad)
toda la niña ahora envuelta en trigo
toda línea ahora en horma de pan
en horno de pan
los ojos hechos a medida de la mano
como puestos a decir
quién se anima a tocar los tentáculos del día
al borde del plato se ceñían al sol
toma el día
míralo
es un día y los segundos reptan
atrás la tarde trepando en enredadera vistosa
entre túnicas blancas
habían desollado veinte veces al día
grana para teñir y tejer
o no
entre túnicas
niñas desolladas cerca del río
solo teñidas, tejidas y trenzadas
al borde del río
miran con los zapatos recién lustrados
caían las lenguas de todas las niñas
teñidas, tejidas, trenzadas, granadas
abanica
mece igual
mece la tormenta
las hojas
la otra mejilla
padre mece el mañana tal cosa
ella que miraba a la ventana
otro tendido bajo el sol
si era nieve
o arena
otro rendido
bajo el sol
la ventana
la mesa
la vela
el plato
la copa
haber vuelto
tras cascos de caballos
retener el minuto antes de que se quiebre
la mirada entiende en mano del tiempo
hacer un solo gesto
es romper cristales
la mano en la que se juega el tiempo
en la rosa
allí sobre el azufre
el lumbre y la bojiga
retirar la mirada de la ventana
desviar los ojos sería atravesar cristales
picar empedrados
asistir al saqueo
rosa allí
inmóvil
sobre la tierra de toda tierra
y entre los cajones
la fruta, el cebo, el carbón
el bastión y el mástil
bajo el reloj
cuajo
esa rosa ella
bastión de la tierra sobre la tierra
de toda tierra
llevaba la sombra en los ojos
y sonrojaba las mejillas
a pellizcón
y tramaba carne por carne
allí el bastión
el mástil
el reloj
y la piedra bajo la torre
y tramar carne por carne
carne por pera
carne por caramelo
carne por carbón, manteca y tocino
travesía de las moscas
ruta de las ratas
hollín
lejía
boñiga, azufre, pelambre
amarillo de nápoles
índigo, púrpura y amapola
cristal, dátil
el olivo y el cordero
el ónix, el jade, el oro y el hierro
cuando las joyas eran reinas
que caían de la palma
del olivo y el limón
harina hace de placa delgada y enfunda al carnero
quién te mira
ahora rosa
como rosa eterna
allí
así como contando del uno al nueve
y si fuera necesario al diez
se va en corro, en disco
nadie sabe quién engendra a quién
si hay que tejer en nueve
o en diez
si el dedal
era flor
o metal
si cerca lucernario
o si los muertos
son ya de muerte de la señora muerte
la mandíbula tiesa y la reverencia
mil años vibran en un pestañeo

 

:

III

(fragmento)

cuando cierro las pupilas
desarraigo las pupilas,
jazmín, amarro una rama,
amarro un paso del día
de ese día sobre mi palabra,
la boca
los pies

una palabra que desde la nuca caiga
y paso a paso en el telón allá hacia el jardín de mi cuello

al cabo de unas horas se abren los ojos

soy durmiéndome
mis ojos caen
interior
en mi lengua sujeto el agua

que el palabrerío
desencadene
las palabras anteriores
lo que ha llegado antes
lo anterior
lo anterior

las manos palpan algunas piedras o perlas
se hace una pedrería en la garganta

hice una alianza de ojos y……..he olvidado qué decirme.

 

 

 

Ana Strauss. México, 1977. Artista visual, escritora y poeta. Actualmente reside en Uruguay. Ha publicado Ha publicado No sé qué hago en Inglaterra (2013) y ororó – canción para un párpado (2017), ambos por la Editorial Yaugurú. Textos suyos han sido publicados en la Revista Vadenuevo, en Eleven Eleven, revista bianual de la California College of the Arts San Francisco, bajo traducción de Laura Cesarco Eglin, así como en Transtierros e Insilio (Uruguay). 

La imagen que ilustra este post es un detalle de la obra Back and Front (1960) del artista Kenneth Noland y fue intervemida digitalmente por el equipo de POESIA.