Madonna y la teoría de las colas

J. M. Guilarte

 

 

[ C O V E R S ]

 

Más lejana que Tebas, Troya, Nínive
y los fragmentos de sus sueños,
Caracas, ¿dónde estuvo?
Perdí mi sombra y el tacto de sus piedras,
ya no se ve nada de mi infancia.
Puedo pasearme ahora por sus calles
a tientas, cada vez más solitario;
su espacio es real, impávido, concreto,
solo mi historia es falsa.

Eugenio Montejo

 

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A papá le gustaban las zarzuelas (I)

a J.C.

La hemorragia no cae por sorpresa.
Mientras   inunda   el   dormitorio,   el   paciente   cumple   con   añorarte.   Sustituyes   mi
contemplación.

No asistiré a la visión que se nubla,
al desvanecimiento,
al desplome.

Es tu privilegio. Narrarlo. También flotar en la vigilia que recrea la secuela de tu padre
ulceroso.
No quiero emularte, pero es mi padre también.
Mientras la ambulancia, el conductor y su asistente atraviesan excusas de plomo, mamá no
espera por las lágrimas.
Nunca espera.
Sostiene la cabeza que ahora suda recuerdos vidriosos de Los gavilanes, cuando ambos
lloraban.
También de Strangers in the night. Y lloraban.
Ponce de León yace arrollado, pero no llora. Tú lo imitas, frente al cuarto de papá, en
medio de su derrota. También imitas a papá, y sueño que te desangras, aunque solo diviso
más lágrimas.
Llegaron los paramédicos.
Corroboramos el plomo.

Basado en el Autorretrato (accidente) de Alfonso Ponce de León (1936).

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Rabito

a Marialba Da Silva, in memóriam

El plástico es ánima que rebota
sin ambages de durazno, agua o leche descremada.
Lo juro por la avenida y sus orillas.
El trayecto no está exento de restricciones
mientras resquicios de asfalto se ufanan
en ostentar venias urgentes.

Rabito parece olvidar que junto a las costillas cortas
la columna alargada atribula su espina dorsal
y por ello ninguna condición es más importante
que la de permanecer con vida.
Un dilema de pedigrí que corre junto a la botella
y el hilo raudo de máquinas.
El envase despunta y Rabito insiste en asaltarlo
sobre piruetas de patas breves.
Sin darnos cuenta el fondo automotor engulle más afanes
poco antes de que el cilindro se desvanezca
en tanto apremia una lógica anticipada
desde la fragilidad de las mascotas.
El Spazio no lo arrastra ni un poco, pero Rabito chilla
y mi memoria es un testigo alevoso que versiona traumas
mediante alegatos de café:

¿Se rompió o no el cuello?
Polémica de pelo corto, liso y brillante.

Rabito asoma el hocico, ensangrentado.
Su ama lo alcanzará, lo acunará firmemente
y desaparecerá también.

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El linchamiento

A los policías les enseñan a contener
los embates de la luna en explanadas
y a no intervenir en el ámbito
de taxistas secuestrados
al librarlos de sus captores.
El chofer aprendió que «Mía es la venganza»
es un lema de penosa recordación.
Los colegas lo ayudarán a culminar la labor
que comenzó cuando advirtieron
fisuras abominables.

Golpes
patadas
empellones. El orden de los factores
que no pretende alterar el deceso de un maleante.
Alguna vez su aliado escuchó algo como «ojo por ojo».
Se lo vaciarán, y también los dientes,
apenas intente escapar.

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La teoría se muerde la cola

 

Dijo que incluso había serpientes que se tragaban enteras
y que si uno veía a una serpiente en el acto de autotragarse
más valía salir corriendo pues al final siempre ocurría
algo malo, como una explosión de la realidad.

Roberto Bolaño
«El Gusano»

 

Me gustan las anécdotas transmitidas
con aplomo y seguridad en aquellas
situaciones que te obligan a mentir.
La cantidad de apetitos nunca será suficiente
sin la verosimilitud que acaricie
el punto en que venzas al polígrafo.
Guiarás a tus oyentes a requerir
tu relato con fervor, porque te mimetizarás
con tu personaje y su contexto.
La ficción no tardará en hacerse parte
de tus huesos. Hará metástasis junto a tu público.

La remisión llegará con radiaciones encriptadas
en el mantra de una fórmula.

 

I

El atardecer recorre pilotines como pauta de una jauría.
Los obreros adelantan la jornada y los carros aceleran
para salvarse del contraflujo.
La densidad en las autopistas incluye agilidades
que carecen de recompensa.

 

 

Porque cuando todo el mundo quiere circular a la velocidad privilegiada de los burgueses el resultado es que acaba por no circular nadie… / André Gorz 

 

II

Los dogmas viajan en aventones de clase media
sin importar que todos dispongamos
de dos y hasta de tres carros en casa.
¿Para qué un día de parada?
Otro axioma: el que posee uno solo se hizo
experto en manualidades con cinta plástica
y sus variaciones en la placa del auto.
¿Para qué, entonces, un día de parada?
La hora pico se difumina como un aforismo
que nos obliga a desalojar las busetas
en medio de una calle inglesa.
Los huecos absorben argumentos intransigentes
como lágrimas de parabrisas.
En un charco gigantesco se hunden los reflejos
de caracteres que se niegan a ser los últimos.

 

El tráfico se hace lento, repta. / Es un pesado dragón reluciente. / Soy una de las escamas del dragón. / Tomas Tranströmer

 

 

III

La multitud no bulle por la próxima función. Apenas es el marco de los murmullos que rodean tus anteojos de varilla doble aferrados a la epístola de André Gorz. Absorta en la historia de amor que rebota en tus manos, olvidaste el nombre del filme que comenzará dentro de breves minutos. También el lecho de las historias que deambulan para hacerte creer que esperan al igual que tú.

Esta noche todos escaparon de sus lecturas. En el lobby solo tú huyes de mí.

Los hombres no saben romper. Las mujeres prefieren que la ruptura sea limpia. Nunca sabrás que otra mujer comparte conmigo la cama de un hotel. Un documental sobre el desove de los salmones en el estrecho Prince William de Alaska, mientras intentan burlar el asedio del tiburón salmón, es el hilo musical de la infidelidad.

La fascinación inducida por el idilio de sesenta años entre André y Dorine no te impide detenerte en anotaciones menos pequeñoburguesas: Tú me replicabas que la teoría corre en todo momento el riesgo de convertirse en una cortapisa que impide percibir la cambiante complejidad de lo real. (…) Te desenvolvías sin esas prótesis psíquicas que son las doctrinas, teorías y sistemas de pensamiento.

Salmones que regresan al lugar de origen para reproducirse y morir. Un trayecto minado por la voracidad de osos, leones marinos, ballenas y una obra maestra de la naturaleza: el majestuoso tiburón salmón. Cada verano solo un grupo minúsculo logra completar el ciclo vital, un modelo que me irrita, un espejo del que has sido expulsada.

Mi origen se vincula con tus lágrimas que hoy son las de André por Dorine. Pero he preferido surcar los cielos y romper con tu militancia pop. No quiero perecer bajo sus mandíbulas, y así lo daré a conocer en las alturas.

Exonero a mis mentores. La intolerancia es hostil y mía.

André Gorz decidirá partir junto a Dorine desahuciada. Los salmones que sobrevivan al festín confirmarán las teorías diseminadas en los fiordos de Prince William. Mucho antes de subirme al helicóptero y limpiar mi conciencia, cerrarás tu libro, secarás tus ojos, te ubicarán en una butaca y volcarás tu atención en los primeros créditos de la película cuyo nombre has olvidado.

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Prefiero el cover de Jimi Hendrix

I

Lo bautizaron como el Rebelde del Vallenato.

Puso literalmente el acordeón a sus pies, antes de ser ovacionado por los confines de la Gran Colombia, y su debilidad eran los himnos nacionales. En el Madison Square Garden el público ofrendó los hombros, agradecidos.

Durante la celebración de 1981 pensó que sentaría bien un tributo a la hospitalidad de Maracaibo, pero los guardias nacionales no entendieron las gloriosas notas en clave costeña. A su habitación lo siguieron, y a peinillazos le moretearon las nalgas. No tuvo otra opción sino mostrarlas en la entrevista de televisión, cuando los periodistas pusieron en duda la veracidad de aquella paliza.

 

II

Gabriela deja en claro la estirpe mediante el dolor desparramado en los aeropuertos. En principio, hablamos de una gran pianista. ¿A qué viene su aflicción?

¿A una serie de cifras mortuorias? ¿De decenas de miles?

¿A los amigos privados de su libertad, de sus posesiones? ¿A la terminología que los determina?

El poder que le ha sido conferido arroja una composición de quince minutos, dedicada a la diva expatriada que mira los últimos años y su tristeza.

Del happy birthday al himno nacional circulan las venas en procura del sedante o la navaja. Las versiones son efectos eximidos de psicodelia.

Andante.

Allegro con cacerolas.

Adagio. Marcha fúnebre con reflejo de Gabriela Montero carcomida por la impotencia. Los síntomas de la tragedia se añaden a la improvisación. Por ello parece una pieza con momentos de ráfagas abruptas que no logran ubicar el ombligo.

 

III

Unorthodox? I thought it was beautiful/ Jimi Hendrix, en el Show de Dick Cavett

 

Dicen que Jimi Hendrix fue un cultor del distanciamiento, aunque ni su hermosa grafía ni la amistad con Monika Dannemann lo demuestran. La evidencia surge al marcar el signo hippie de la paz mientras deletrea el fuego cruzado y el llanto en Vietnam. La bandera que incendias es relevo de pruebas sobre una partitura igualmente tachonada de estrellas.

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El último de la fila

Si estás de último en la fila y deseas ausentarte por un rato,
mejor espera a que alguien llegue después de ti
y acceda a cuidar tu lugar,
sin advertir la sal derramada.
Al tenerte adelante, podrá mirarte fijamente.

Si te impacientas y no quieres aguardar
deberás contar con el que te da la espalda.
Quizás no te recuerde cuando regreses.

Si prefieres permanecer en la cola advertirás al joven
que llegará detrás de ti, coincidirá con su profesora
de lengua rusa y la presentará a sus padres.
El viejo disertará la nostalgia por Stalin.
La profe lucirá una estampa que reza NO PASARÁN
y volará en silencio hacia Brodsky,
Padura y Politkovskaya,
como excusa para mirarte fijamente.

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[Escena descartada de una porno caraqueña 1]

Para nadie era un secreto el rollo en que andabas metida. Una rutina de basuco, hoteluchos, acoso de la policía y clientes trasnochados. Hubo uno a quien atracaste, y luego dejó en tu rostro la venganza en pico de botella. Entretanto, los buenos oficios de tus compinches te hicieron la carnada más apetecible de la esquina de Velásquez, donde jugabas, noche tras noche, a la mujer que termina siendo la Primera. Porque tú fuiste la Primera, al advertir en mi respiración entrecortada el jadeo del que quiere ser hombre de una buena vez. [¿Estás nervioso? Dilema no tan falso entre pánico adolescente y deber ser. Miento.] Tus pechos crujían, es cierto, pero ello no lograba superar mi terror a lo desconocido, así viniera en una piel de dieciséis o diecisiete años y envolviera una fisonomía delgada y grácil, a pesar de su maternidad múltiple. En ese momento, las pornos, confidencias y embustes de los ya iniciados eran una débil referencia ante lo que me disponía a enfrentar. Nada menos que una verdad más agria de lo que tu flaquísima figura me auguraba. Porque la eyaculación nunca llegó, aunque tú pretendiste que sí –con condón es fácil pretender que sí–, como pretexto para abandonarme en el acto, allí en el Morichal, donde también un voraz recepcionista se quedó –¿cómo lo hizo?– con el cambio por la habitación. Allí, donde creías olvidar tu condición de hija de la miseria, de madre soltera a muy corta edad, de ninfa avasallada por la amargura que te acompañó en tu breve estancia por la Tierra, tan breve que no vaciló en incluirte en la primera plana de la Crónica, como víctima propiciatoria del rito iniciado allí mismo, en el Morichal, donde te detuvieron aquella noche sin medir tus patadas ni sus empellones, rumbo a la jefatura que verías por última vez y en cuyos calabozos intentaron poseerte sin más fuerza que la que da la chapa o el uniforme. Malditos tombos, pobres diablos que no hacían más que matraquearte todas las noches y morbosearte con la lucidez que podía provenir de seres tan grises, monótonos, esclavos. Y que no quisieron perder esta oportunidad, así te negaras –como te negaste–, así tuvieran que violarte –como lo intentaron, como otras veces–, valiéndose de la impunidad que les brindaba el recinto, testigo del forcejeo, del balazo y de la idea de arrojarte al río Guaire, confiados de la probada eficacia del ritual. Pero no contaron con el vecino de Petare que avistó tu cuerpo y se dirigió solícito a dar la nueva a tus verdugos, quienes creyeron que aquello se borraría como si tal cosa y me privarían de la suprema impresión que me causó el encontrarte entre los personajes sangrientos de la Crónica. Y aunque un destino como el tuyo no podía escribirse de manera más nítida, una y otra vez me negaba a esperar lo inevitable. Cuando traté de acoplarme a tus piernas abiertas, a tus cabellos en caída libre y castaña, a tu mirada en busca del amor que apenas te brindaban tus hijos y que yo no podía multiplicarte, sentí que una rendija hería de luz una vulgar existencia, y en esa marca bautismal te asomabas, sin saberlo, como la sacerdotisa a quien no hubo que darle las gracias. Por ello nunca dejó de acompañarme el pálpito de que, por encima de la mugre y sus sinsabores, tú, la Primera, eras inmortal.

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[ R E I N V E N C I O N E S ]

 

 

 

She has knocked the importance of talent
out of the arena. She’s manufactured.
She’s made a lot of money and become
the biggest star in the world
by hiring the right people.

Joni Mitchell

Cuando me gustaba era en la época
de Buscando a Susan desesperadamente:
«la diosa indolente y pelandusca»,
como la describió Pauline Kael.

Martin Amis

 

Parental Advisory

—Madonna escenificó al Che Guevara, pero prefiere a Patty Hearst.
—PPP [Playboy… Penthouse… ¿Private?]
—Madonna nació y creció en Bay City, Michigan: estado insignia del automóvil.
—Vehículos que cuesta estacionar:

1 Auburn Speedster
2 Audi 8
3 BMW serie 7
4 Mini Cooper S
5 Maybach (limusina)
6 Range Rover

—Autorretrato en hora pico: Tamara de Lempicka luce osada e imponente al frente del Bugatti verde.
—La cancelación del concierto de Madonna en Caracas es la metáfora de otra imposibilidad de destrabar el caos urbano.
—Jean Paul Gaultier, diseñador de vestuario de Madonna en los noventa y 2006.
—¿Por qué Madonna no se ha presentado en el programa de Jools Holland?

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PPP [Primerísimo primer plano]*

Los ojos –enormes– se elevan sobre la tensión muscular que no evita tragar grueso, debajo de labios carnosos, adolescentes y cerrados a cualquier explicación que pretenda [¿por miedo? ¿qué es el miedo sino creer?] abrirse paso por entre los pasillos desolados de un hombre que contempla fijamente el vientre abultado, tan inexcusable como la aclaratoria que busca escapar a este forcejeo. Una nueva ojeada se desvía y el abdomen asume su protagonismo frente al novio de cejas contrariadas.

¿Y las de ella? ¿Sostienen párpados a punto de caer?

Una sonrisa [un ángel, una contraoferta] aplacará la rigidez, allí donde el futuro esposo repondrá las arras. También el honor menguado. El desierto, un hijo y su bitácora.

 

* O Pier Paolo Pasolini [primera escena de El Evangelio según San Mateo, 1961. La joven Madonna es Margherita Caruso].

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Lucky-little-highway star

[Madonna cumple 14 años]

Los temores aguardaban por el adolescente en asientos delanteros.

[De la escuela primaria solo me separaban tres cuadras, suficientes para tropezar, romperme la rodilla, inspirar la compasión del vecino, someterme a su cura y llegar a tiempo a clase. En 1972 la rutina del bachillerato alargó el camino entre ciudades e implicó discutir precios de pasajes con choferes de autobús desde tempranas horas del día]

La erección abunda y confunde durante las rondas de reconocimiento
pero debemos asumir ese vello púbico que disimula el final del túnel.
Nos caracterizamos por robar pelotas de goma e iniciar disturbios
donde solo participan dos tipos, que llamamos cuatriboleados
aunque no soportan un golpe en el tobillo al intentar
la conquista de la almohadilla defendida por el más tonto del salón,
el que se reúne con los cultores del rock
y su gurú: Paolo Silvestre Gilman.

[añade referencias al descubrimiento del fútbol americano, los guijarros dirigidos a quienes te insultan con apodos, los torneos de ajedrez donde nunca pasaste del subcampeonato, las fantasías que deambulaban todas las tardes detrás de muslos docentes, el mariquito en el pupitre de al lado, la modorra en amplitud modulada]

Para acceder a la cofradía no sobran fundamentalismos,
aunque Gilman arrastre las cadenas del Gran Combo
y un fantasma extraviado en Vietnam.
Los vecinos no lo dudan. Es su padre.

[Deep Purple en Osaka] 16 de agosto de 1972. Ian Gillan improvisa letras distintas, al igual que en cada concierto. Lo que no cambia es la intensidad de los decibeles que apuran el desmayo de una cheerleader cerca de la tarima. Se llama Madonna Louise y sus antecedentes incluyen pérdida-de-virginidad-con-futbolista en la parte trasera de un Cadillac azul 1966. Contrariará a su madrastra cuando se cambie la ropa con la que salió de casa. Entonces mostrará las axilas sin depilar. Hoy es su cumpleaños.

[Altered lyrics] Después de notables muestras de talento metalero, Ozzy nos sorprendió a todos. La inspiración de Tony Iommi fue decisiva, porque sustituyó la guitarra eléctrica por el piano y el mellotron. La excusa fue el despecho de Bill Ward, quizás el motivo por el cual resultó el único miembro de Black Sabbath que no participó en la grabación.

She was my woman.

A nuestra arrogancia adolescente no le faltaba razón. O razones. Una de ellas era el desprecio por las baladas pop, como «Changes». En esa lista se encontraban además la salsa, el jazz y la mejor tradición venezolana. Pero la voz de Ozzy, fuera de la distorsión y el caos, a muchos no nos caía tan mal. «Changes», en honor a la verdad, hasta nos pareció irresistible.

Años más tarde, aparecieron los covers. A diferencia de artistas en la onda de Ana Torroja, para quien no había problema en mimetizarse con el género del intérprete original, la versión de Nina Persson terminó por redondear la traducción de The Cardigans en medio de colegas masculinos. He was my man.

Mucho después, Ozzy salía de rehabilitación, al igual que su hija. La melodía de 1972 volvió a la palestra sin mayores complicaciones, luego de la disolución de Black Sabbath y los pronósticos en contra de un reality show que soportó cuatro temporadas. La melancolía continúa, pero el padre se concentra en el presente: She is my baby. La joven rebajará de peso e intentará reciclar memorias glamorosas como imagen de una línea de ropa. Las prendas le sentarán tan bien como a cualquier chica material y libre de plagios, por los cuales solo recordaremos a Linda Perry, aunque la portada del disco rece: Slepping in the nothing/ Kelly Osbourne.

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A nice pair

                                                            a Fina Ugueto, de nuevo

I

El alejamiento nos hizo sordos, circunscritos
al aullido de los helicópteros.
¿Qué haces en medio del bulevar, con las libretas
abiertas de un curso de odontología?
En otro tiempo te desposaría con mi rutina
y buenas maneras. Ahora tus compañeras te rodean
y se bastan a sí mismas en su empeño
por ayudarte a consagrar el olvido.
El capullo de féminas te recubre como un corazón
que dejó de arder desde el momento
en que decidí contemplar desde muy arriba
el sinuoso camino de tus pasos que se alejan,
para no dejarte volver.

 

II

Madonna se casó con Guy Ritchie en el castillo de Skibo,
a las afueras de la población escocesa de Dornoch.
Los antepasados de la novia trabajaron en las fábricas
de acero de Pennsylvania para el magnate
Andrew Carnegie, quien restauró el castillo en 1897.
En su retirada, el rostro de Veronica Ciccone se asoma
por la ventana trasera del coche nupcial, esforzado
en ahuyentar fantasmas de antiguos paparazzis.
La carroza se aleja victoriosa de la sede decimonónica,
y deja atrás a los fieles amigos y los comentarios
acerca del diseño de Stella McCartney,
que envuelve la esencia de una novia reincidente,
para no dejarla volver.

 

 

 

[ P L A G I O S ]

 

 

 

A papá le gustaban las zarzuelas (II)

a Nella, la del 73

El día que mi padre dejó este mundo, víctima de una úlcera estrangulada, se cumplían justamente doce meses de la partida de mi abuela, el 24 de noviembre de 1969. Desde entonces, desarrollé una tesis obsesiva: mi familia se extinguiría con la muerte de un miembro cada 24 de noviembre, en estricto orden de edad. A mí me tocaría la pelona en 1972 y todo acabaría con Juan Carlos en 1974. Por ello el 24 de noviembre de 1971, mientras aguardábamos a mamá para acudir a la misa en memoria de su esposo, estaba tan angustiado que me fue imposible acomodarme frente a la ventana del recibo. Como a las cinco de la tarde, la expectación se volvió atroz. Solo podía caminar de un lado a otro, sin atreverme a salir para siquiera intentar divisar el Renault 10 desde los confines de la calle. A los pocos minutos, el carro gris se estacionaba frente al caobo más alto de la cuadra, y mamá nunca me pareció más esbelta y elegante que cuando bajó tranquilamente y se acercó a buscar a sus hijos para honrar el compromiso. En ese momento entendí que de alguna manera, durante una espera interminable, había aprendido a conjurar maldiciones.

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J.M. Guilarte. Venezuela. Licenciado en Comercio Exterior por la Universidad Simón Bolívar, con estudios en Letras, Universidad Central de Venezuela, Caracas. Ha desarrollado una carrera como corrector de estilo por más de 27 años en el ámbito editorial caraqueño, principalmente en la Editorial Equinoccio de la USB, además de la Biblioteca Ayacucho, Monte Ávila Editores, Editorial Santillana, diario El Universal y Grupo Últimas Noticias. Participó en talleres literarios coordinados por escritores como Armando Rojas Guardia, Oscar Rodríguez Ortiz, Eleazar León, Antonio López Ortega, Armando José Sequera, Teresa Casique y Eduardo Gil. Poemas de su autoría han aparecido en diversas publicaciones periódicas de Venezuela, y en la antología Voces nuevas 2003-2004. Ensayo. Narrativa. Poesía (Caracas: Fundación Celarg, 2005).