La lírica de los trovadores

Descriptiva y selección

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José Bianchi

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1984
Jamás los crepúsculos vencerán a la aurora.
Apollinaire.

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La historia de la poesía moderna ostenta el trazo de un milenio apro­ximado. Comienza a gestarse con esa aparente lentitud cósmica en el arco geográfico del, hoy, sur de Francia, formado por los Pirineos, el Macizo Central, el extremo oeste italiano y el mar Mediterráneo: Entonces no se determinaban las naciones o estados como tales. Más bien importa subrayar el fragmentarismo político orientado por el sistema, típicamente divisionista, feudal. En un ambiente de relacio­nes vecinales por lo general antagónicas entre los distintos feudos independientes de la zona, surge, armonizada por el brazo secular de un idioma común, esa tensión lírica primordial reconocida como poe­sía trovadoresca.

Esta expresión poética de verdadera relevancia fue organizada por el poeta, el trovador, en lengua romántica provenzal entre los siglos XII y XIII. Un investigador de renombre, István Frank, calcula que este universo poético fue expresado «en lengua vulgar, entendida por todos, es lírico y es obra de individuos de identidad conocida». Así establece la distancia hacia otras manifestaciones literarias más o menos parale­las: la épica anónima y la lírica latina medieval.

El nacimiento de la poesía se discute a menudo con tesón polémico. Hay quien siguiendo bíblicamente a Juan, el Apóstol, sostiene que «en el principio era el verbo». Más allá, en aproximación a ciertas mani­festaciones de los mal llamados pueblos primitivos, se dice que la palabra artística se originó conjuntamente con la danza y las primeras expresiones musicales, en festividades con carácter ritual. Herbert Read toma en cuenta la pintura rupestre de las cuevas de Altamira y Lascaux y opina que ni lo uno ni lo otro: «la imagen precede siempre a la idea en el desarrollo de la conciencia humana». La lírica de los trovadores, aquí felizmente no hay controversia, nace con un insusti­tuible soporte melódico, es decir, es esencialmente canción.

El trovador o la trovadora, trobairitz, pueden considerarse como el antecedente mediato de lo que actualmente se conoce como cantautor. De muy distinto origen, el cultivo de un campo común, el trabar, los colocó en un mismo nivel social. Entre ellos encontramos tanto al noble y el clérigo, como al burgués y al hombre de feudo o siervo; tanto a rey y el que llegó a Papa, como al poeta de condición humilde. Aunque circunstancialmente no han faltado los poemas de autor anó­nimo, se conservan en noventa y cinco cancioneros, dos mil quinientas cuarenta y dos composiciones pertenecientes o asignables a trescientos cincuenta poetas de «identidad conocida». Situando a lo Estagirita, el principio en el principio, el medio en el medio y el final en el final, se dividiría, opcionalmente la lírica provenzal en tres lapsos. El pri­mero, el de los orígenes, presenta como poetas destacados a Guilhelm de Peitieu, Jaufré Rudel, Marcabrú, Rigaut de Berzezilh, Giraut de Bornelh y una trobairitz, Azalais de Porcairagues. El segundo, organizado alrededor del máximo poeta provenzal, Arnaut Daniel, suma a Raimbaut de Vaqueiras, Peire Vidal y una trovairitz, la Comtessa de Dia. Por último, la proyección inercial de un mundo destruido, comprende a Peire Cardenal, Giraut Riquier, Uc de Bacalaria y una trovairitz, Castellosa.

Los copistas de los cancioneros al transcribir las composiciones de los trovadores agregaron diversos textos en prosa. Algunos sintetizan determinados hechos biográficos del poeta. Se conoce como Vidas. Otros, las razós, son detalles complementarios o explicativos del sentido o la génesis del poema. Ciertas razós constituyen breves obras maestras de la narrativa medieval. Representan, en forma novelada, suscintas pero bien dispuestas escenas en las que también se ha creído ver la génesis del cuento moderno.

El trovador acató al extremo los cánones implantados al moldear el verso, la rima, la estrofa. Esto es particularmente atribuible al obli­gante melódico ya que no componía tanto para ser leído sino para ser cantado, acción que normalmente desempeñaba el juglar. El verso al que con mayor frecuencia recurrió fue al octosílabo y al decasílabo. Pero muchas composiciones fueron realizadas en metros variados lle­gándose a practicar el verso de una sílaba. Es de entender que la alter­nancia de metros diversos no quedaba excluida.

Puede considerarse la rima como la cúspide del verso trovador. Se con­cibió como de total identidad acústica, por lo que su resonancia debía ser estrictamente consonante. Sin embargo la unidad métrica y al mismo tiempo unidad musical fue la estrofa, identificada con el término cobla, ya que el número de versos que la componía así como el orden de aparición de cada rima debía ser idéntico en las diversas fases del poema. La suposición de que la frase melódica recibía trata­miento similar es válida.

Se conservan poemas con estrofas de variado número de versos, pero la cobla mayormente empleada fue la de ocho. La cantidad de coblas de las composiciones no era fija y si en cada una de ellas se repetía la misma rima, eran nombradas coblas unissanans. Otros poemas ad­mitían consonancias distintas en cada cobla; se trató entonces de coblas singulars. Las coblas doblas reiteran la misma rima en la primera y segunda estrofa, pero son otras en la tercera y la cuarta, y así a con­tinuación. Una gran mayoría de las obras trovadorescas confluye en una especie de coda llamada tornada. Las tornadas son estrofas con un número de versos inferior al de las coblas. En ellas el poeta hacía la dedicatoria de su trabajo o circunstanciaba sobre el tema tratado.

Atendiendo a los temas donde se dilata la producción de los trovadores, se distinguen claramente dos tipos de diferente particularidad: el sirventés y la cansó.

El sirventés corrientemente asimilaba alguna melodía del dominio pú­blico. De allí una posibilidad etimológica: se servía. Contempla una disposición orientada hacia el exordio moral, el debate literario, el discurso violento censurador u ofensivo, la condena o exaltación gue­rrera. Fue el conducto natural por donde con frecuencia se ventilaba la defensa o el ataque a las contrapuestas políticas diseñadas por los señores feudales, entre quienes el oficio poético sobrepasó la simple afición. El sirventés Per Solatz Revelhar (Para despertar el solaz), de Guiraut de Bornelh, se conserva en quince cancioneros. Esto habla bien de su éxito. Pertenece al grupo de los sirventeses moralizantes. Consta de razó, ocho coblas unissonans y dos tornadas. Se selecciona la razó, vertida por Martín de Riquer, y las coblas más representa­tivas:

RAZO Guiraut de Bornelh, cuando Gui, el vizconde de Limotges,
le hizo robar los libros de su casa y todo su arnés, y vio que el
mérito había huido, y el solaz dormía, y el galanteo estaba muer­to,
y la gallardía fracasada, y la cortesía perdida, y el saber
con­vertido en desconocimiento, y que el engaño había entrado en
ambas partes, tanto en las amantes como en los enamorados,
qui­so esforzarse en recuperar solaz, alegría y mérito, y compuso esta
canción que dice:

…………«Para despertar el solaz»
I ……….. Para despertar el salaz
…………..que en mucho se ha adormecido
…………..y para el mérito, que está desterrado,
…………..acoger y recuperar,
…………..me imaginé trabajar,
…………..¡más ahora me he desentendido!
…………..Porque este designio
……………………es de nunca acabar;
…………..mientras más deseo y empeño pongo,
…………..más crecen el daño y los estorbos.
…………..………………………………………….
III        ….Visteis organizar torneos
…………..y seguirlos bien guarnecidos
…………..y después de los mejores heridos
…………..hablar largo tiempo;
…………..ahora lo digno es robar
…………..y arrebatar ovejas.
…………..¡Deshonra para el caballero
…………..dedicado a cortejar,
…………..pues que carga con baladores carneros
…………..y que roba iglesias y viajeros!

Este sirventés, en una escala de dificultades idiomáticas y retóricas, pertenece a lo que las poéticas al uso de los trovadores denominaron trobar leu (literalmente, versificación sencilla), es decir, una manera de componer que daba como resultado una poesía simple, transparente, sin exhibición de artificio. Como signo contrario al trobar leu, diver­sos poetas provenzales, Marcabrú, Arnaut Daniel, por ejemplo, con­cretaron un mundo poético de originalidad profunda. Conscientemen­te se diferenciaron de las maneras establecidas y corriendo el riesgo dieron vida a una expresión de formal virtuosismo y gran sutileza. Para esos poetas fue prioritario la sonoridad y magia de la palabra, la ima­gen insólita, el concepto renovado, el léxico eufemístico y ambiguo, la sintaxis desusada, la circularidad del verso, la rima cara. En fin, una poesía sumamente decantada antes que repetida. La retórica me­dieval la calificó de trobar clus (literalmente, versificar cerrado), que tomando en cuenta las distancias podemos asociar con ciertas formas literarias herméticas o de iniciados. En este sentido, la búsqueda de espacios poéticos alternos condujo, es lo que se acostumbra suponer, a Arnaut Daniel a fundar un nuevo esquema métrico muy celebrado en su momento por Dante Alighieri y Francesco Petrarca, la sextina. De ellas Lo Ferm Voler q’el Cor m’intra (El Firme Deseo que en el Corazón me entra), es el paradigma clásico. Reúne seis coblas singulars y una tornada de tres versos. Se transcribe aquí la versión de Carlos Alvar:

I           ….El firme deseo que en el corazón me entra
…………..no me lo pueden arrancar ni pico ni uña
…………..
de adulador, que por hablar mal pierde su alma;
…………..
y como no me atrevo a pegarle con rama ni vara,
…………..
aunque sea a escondidas, allí donde no tenga tío,
…………..
gozaré del gozo, en el jardín o en la habitación.

 II         …Cuando me acuerdo de la habitación
…………..
en la que sé, para mi mal que nadie entra
…………..
y que todos me vigilan más que hermano o tío,
…………..
entonces, todos los miembros me tiemblan, hasta la una
…………..
tal como el niño ante la vara:
…………..
tanto miedo tengo de no ser suyo de toda alma.

 III        ¡Con el cuerpo lo sería, no con el alma,
…………..
si me acogiera en su habitación!
…………..
Más me hiere el corazón que golpe de vara
…………..
pues allí donde ella está, su servidor no entra;
…………..
siempre seré con ella como carne y uña
…………..
y no creeré consejo ni de amigo ni de tío.

 IV      ..  ..Nunca, a la hermana de mi tío
…………..
la amé tanto, ¡por mi alma!
…………..
Pues tan cerca como está el dedo de la uña,
…………..
si lo aceptara, querría estar yo en su habitación;
…………..
de mí puede hacer Amor, que en el corazón me entra,
…………..más a su gusto que hombre fuerte con débil vara.

V         ….Desde que floreció la seca vara
…………..
y descendieron de Adán sobrinos y tíos,
…………..
tan fiel amor como el que en el corazón me entra
…………..no creo que existiese nunca en cuerpo ni en alma;
…………..donde quiera que esté, en plaza o en su habitación,
…………..mi corazón no se separa de ella ni la distancia de una uña.

 VI       .. ..Así une y se aúna
…………..
mi corazón a ella como la corteza en la vara;
…………..
pues ella me es torre de gozo y palacio y habitación
…………..
y no amo otro tanto a hermano, pariente ni tío:
…………..
en el paraíso tendrá doble gozo mi alma
…………..
si por amar hay quien allí entra.

 VII     .  …Arnaldo envía su canción de uña y de tío
…………..
con permiso de aquella que tiene de su vara el alma,
…………..
a su Deseado, cuyo mérito en la habitación entra.

En otros acordes, un sentimiento que parece tener dificultades para hacer coincidir los deseos en el cauce semejante; un sentimiento obsta­culizado a la espera de correspondencia: es nuestra razó. La sextina de Arnaut Daniel atiende a esa confluencia lírica de los trovadores donde la palabra enuncia por vez primera en el Occidente Moderno, la presencia de la pasión amorosa, el amor pasión, el impulso emocio­nal que co-nexa mujer y hombre y que al decir de René Nelly «rige los deseos del cuerpo en función de los del corazón». Este solo aspec­to es el que confiere particularidad exclusiva a la segunda y antes insinuada vertiente temática de la lírica provenzal, en la que, obvia­mente, se inscribe el citado texto de Daniel: la cansó (canción), esa poesía que asume la suprema virtud de la aurora.

La emoción tendida hacia la mujer y exaltada en la cansó por el tro­vador, recibió el nombre de fin’amors (amor puro). Para el teólogo de la época que solo parecía tomar en cuenta la cópula, este «sentimiento de amar» era concupiscencia y, por lo mismo, pecado. Se tratara del apasionamiento entre solteros, o adúlteros y, más aún, entre esposos. De esa forma lo consideró Tomás de Aquino, quien además hacía én­fasis en el mal de irracionalidad que desvanece al enamorado. La opi­nión médica lo ubicó como uno más entre los diversos trastornos mentales e incluso llegó a proponer la terapia correspondiente. Otras veces inconformes advirtieron que nada puede tener de abominable esa atrac­ción innata que asegura la continuidad de la especie. A su vez como reacción llegaron a condenar la castidad: Perfecta abstinentia ab actu carnis corrumpit virtutem. La fin’amors es síntesis. El resultado de una toma de conciencia humana y artística. La génesis poética donde se condensó la admiración contemplativa hacia el ser amado, el reco­nocimiento a su excelencia espiritual y, lo más importante, la necesidad impostergable de correspondencia. Todo en ejercicio pleno del libre albedrío, al margen de los deberes sociales e imposiciones eclesiásticas: la consagración de la libertad del corazón para elegir. El amante desea en la amada una máxima fiesta plástica: ver configu­rase en ella el «bon semblans», solo por su presencia; desea más que la entrega física el sentir en conformidad, quiere que se lo quiera. Cuando un obstáculo cualquiera adversa la adecuada convergencia y realización del deseo, deviene la huída del sueño, la preocupación, el vértigo. La trobairitz Comtessa de Dia, a quien en su vida se considera dama bella y buena mujer de Guilhelm de Peitieu, que se enamoró de Raimbaut de Aurenga e hizo sobre él muchas buenas cancio­nes, describe en las tres coblas doblas de la cansó Estat ai en greu cossirier (He estado en grave preocupación), traducida por Carlos Alvar, la inquietud por el desfase comunicativo con el amado:

I           ….He estado en grave preocupación
…………..
por un caballero que he tenido
…………..
y quiero que sepa por siempre
…………..
cómo lo he amado apasionadamente;
…………..
ahora veo que he sido traicionada
…………..pues no le di mi amor
…………..y por eso he estado afligida,
…………..en el lecho y estando vestida.

 II         ….A mi caballero quisiera
…………..tener una noche, desnudo, en mis brazos
…………..y que se diera por feliz
…………..con que yo hiciese de almohada;
…………..pues estoy más enamorada
…………..que Floris por Blancaflor:
…………..le otorgo mi corazón y mi amor,
…………..mi juicio, mis ojos y mi vida.

 III        Bello amigo, agradable y bueno
…………..¿Cuándo os tendré en mi poder
…………..que me acostara con vos una noche
…………..y os diese un beso amoroso?
…………..Sabed que gran deseo tengo
…………..de teneros en lugar de marido
…………..
con tal de que me prometierais
…………..
hacer lo que yo quisiera.

La medievalidad supuso una forma de relación conyugal reducida a los límites estrictos de un contrato con dos cláusulas. Todo lo que no conllevara al incremento patrimonial del feudo y a la procreación del primer varón heredero era circunstancia desentendida, a menos que afectara el honor. Excepción, riesgo y aventura, el sentimiento amo­roso tuvo entonces visos de ilegalidad. Al constituir sus propios tér­minos no se incluyó entre los esposos. Obviamente, para neutralizar cualquier efecto retaliativo proveniente del marido celoso, el gilos, debía sostenerse bajo el más acentuado secreto posible. De ahí que la cansó identifique al amante con seudónimo, la senhal. La utilizada por la Comtessa de Dia para revelar y ocultar a su amado es Floris, la cual podía confundirse con el nombre del personaje de una novela en boga. A la vez, el secreto ayudaba a protegerse del rumor adverso de los aduladores, lausengiers, que en la corte hacían circular su atre­vimiento alrededor del gilos con tal de obtener algún privilegio. Aman­tes, gilos, lausengiers, cansó, secreto, senhal, fueron diversos agentes del drama erótico trovador al que la naturaleza propicia sirvió de espléndido escenario.

Para entonces, en parcial repunte la naturaleza había recobrado la ava­salladora plenitud que ostentó entre los antiguos. En su interpretación del universo, Juan Escoto Erígena la deja entrever como una, armó­nica y viva. El hombre feudal ya no se reconocía en su antepasado de la Polis. El mundo para él tenía la dimensión de un día de camino y por tanto conocido, íntimo, personal. Durante largo tiempo había dejado transcurrir las estaciones en la autosuficiencia de pequeñas co­munidades rurales organizadas alrededor de la mansión almenada del señor o del monasterio. La vida se sustentaba en profunda articulación con la tierra, madre en su poder benéfico, por lo cual parecía imponer a cada quien derechos y obligaciones indiscutibles. Y el paso de ren­dirle culto a su creación magnífica, la mujer, se dio a través del amor pasión y la poesía. En consecuencia la naturaleza se tornó en la omni­presente y siempre renovada referencia de la cansó provenzal. Y un fenómeno del orden natural es el alba cuya luz hace frontera a las sombras protectoras de los amantes. Pero alba es también una forma de cansó donde la alusión a la aurora es determinante. El alba En un vergier sotz fuella d’albespi (En un vergel bajo follaje de albo espino), excepcionalmente anónima, expresa la queja de la amada por la llegada del día y a la vez proclama la comunión con lo natural:

I           ….En un vergel bajo follaje de albo espino
…………..tuvo la dama a su amigo en mucha cercanía
…………..hasta la hora que “alba vi” gritó el vigía.
…………..¡Oh Dios, oh Dios, el alba! ¡Qué pronta es!

 II        . “¡Quisiera Dios hacer ya la noche interminable
…………..
y el amigo mío tan lejos de mí no partiera
…………..
y que el vigía ni el alba ni el día advirtiera!
…………..
¡Oh Dios, oh Dios, el alba! ¡Qué pronta es!

 III        ….Y yo y vos nos besemos dulce amigo bello,
…………..campiña abajo, de los pajarillos con el canto,
…………..y que a despecho del celoso hagamos tanto.
…………..¡Oh Dios, oh Dios, el alba! ¡Qué pronta es!

 IV        Dulce amigo bello, hagamos un nuevo juego
…………..
allí en el jardín, al canto de los pajarillos
…………..
hasta tanto el vigía toque su caramillo.
…………..
¡Oh Dios, oh Dios, el alba! ¡Qué pronta es!

 V        .Por la dulce brisa bienvenida desde allí
…………..
del amigo mío, refinado, cortés y bello,
…………..
del aliento suyo he bebido dulce destello.
…………..
¡Oh Dios, oh Dios, el alba! ¡Qué pronta es!

 VI        La dama es agradable y placentera.
…………..
Por su beldad la contempla mucha gente
…………..
y en amar su corazón da lealmente.
…………..
¡Oh Dios, oh Dios, el alba! ¡Qué pronta es!

Mucho tiempo, cinco siglos, después, John Donne también reflexionó su alba:

Busie old foole, unruly Sunne,
why dost thou thus,
through windowes, and through courtaines cali on us?
Must to thy motions lovers seasons run?

Pero ya el trovador y su presencia eran sombras. Y ruinas el entorno cultural donde su peculiaridad lírica se originó y obtuvo auge extraor­dinario. La cruzada contra los señores de Provenza perpetrada por el papa Inocencio III a comienzos del siglo XIII, alcanzó una efectividad increíble como nunca contra el turco. Sin embargo aquella visión poé­tica y su particular erótica ya había dado color a otras atmósferas y ámbitos diversos. Desde sus trazos se convoca la poesía en Occidente durante el milenio aproximado. Aunque viéramos a los trovadores en la voz posible de Louis Aragón como fantasmas de una vida donde se habla de amor, esa onda expansiva aún nos envuelve y nostalgia. No de otra manera Guillaume Apollinaire, quien pontifica a la Dulce Morena, Bella y Adorable, con suprema razón puede confesar: Nunca he ido a Carcassonne.

 

 

 

«La lírica de los trovadores. Descriptiva y selección» se encuentra publicado en el n° 15  de Zona Tórrida (1986: pp. 108-116)revista de cultura adscrita a Artes Literarias de la Dirección Central de Cultura de la Universidad de Carabobo. La imagen que ilustra este post es un detalle de la obra «The Decameron» (1916) del pintor británico John William Waterhouse.