La polifonía del suicidio

Apuntes sobre Caída del búfalo sin nombre. Ensayos sobre el suicidio de Alejandro Tarrab

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Por Robert Rincón

Al callar los nombres de estos seres —cíbolos en la caída— abrimos un espacio de evocación silenciosa: el susurro apenas, la musitación, el bisbiseo del nombre que brilla en la remembranza y en el delirio.

Alejandro Tarrab

 

En la adaptación cinematográfica de la obra del dramaturgo Cormac McCarthy, The Sunset Limited (1), nos encontramos con el drama de dos personajes: «Blanco» (Tommy Lee Jones) y «Negro» (Samuel L. Jackson). Los dos se confrontan en una habitación durante gran parte de la película, alrededor de un tema en común: la vida y la muerte, luego de la frustración del suicidio de «Blanco», un intelectual ateo, a raíz de la intervención de «Negro», un cristiano protestante. «Blanco» defiende que el suicidio cumple una función, un sentido suficiente y definitivo para cortar el absurdo de vivir, mientras «Negro» sostiene que la vida es un camino que debe transitarse con un propósito y tratar a la muerte más como un anuncio que vitaliza ese propósito. Prepararse para morir dignamente, requiere vivir.

El suicidio como corte de la vida voluntariamente es una de las decisiones más difícil de comprender para el ser humano, pese al estudio que inauguró Durkheim desde la trinchera de la sociología a finales del siglo XIX, mostrando sus posibles motivos (egoísta, altruista, anómico, fatalista). El suicidio, fuera de estos supuestos teóricos, suele ser un tema incómodo para la sociedad y en el seno de la familia; porque promueve un silencio cortante, bien sea por respeto al que tomó la decisión de quitarse la vida o por el desconcierto o interrogantes que repercuten por tal forma de aniquilamiento.

El planteamiento central en torno al suicidio se muestra de manera concreta en Mar adentro (2004), donde el personaje «Ramón Sampedro», protagonizado por Javier Bardem, queda postrado en cama luego de golpearse la cabeza contra el fondo arenoso de una playa. Desde este accidente, la vida la lleva atada a una cama, sujetando un lápiz con su boca para vencer el mutismo de un cuerpo paralizado: indispuesto para vivir. El suicidio en este caso es asistido (eutanasia).

En las dos películas el suicidio se evita a toda costa; The Sunset Limited ofrece un final de suspenso, abierto a la decisión de «Blanco». En Mar adentro, el sucicidio se evita sin resultado y se lleva a cabo por la asistencia de otra persona que cumple su rol mortuorio. En los dos filmes, la muerte es una posibilidad tangible, voluntaria y accesible. La metáfora de los abismos se cumple.

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Caída del búfalo sin nombre. Ensayos sobre el suicidio (2) de Alejandro Tarrab (Ciudad de México, 1972) abre este tema a través una pluridiscursividad per se del texto como posibilidades de sentidos. Si bien, el suicidio es sugerido desde el título del libro, los mecanismos de construcción, que están implícitos en el texto, replantean procesos escriturales complejos, donde nos topamos con otras dimensiones, andamiajes y funcionamientos del lenguaje que posibilitan transitar en una configuración territorial marcada por la hibridez.

La polifonía, como lo entiende Mijaíl Bajtín (3), quien lo extrajo de la música clásica no solo con una intención melódica, sino textual, caótica, compleja, hibrida, dialógica, social, cultural, es decir, lo transversal que aporta la voz (4), se muestra en un territorio que se ordena y desordena continuamente junto a otras voces que tratan de fijarse desde su parcela, transformando a su vez, el sentido de lo que roza en el todo-inacabado del texto, muy cercana estas ideas a la concepción de semiosfera del texto que aporta Yuri Lotman(5) desde la Escuela de Tartu (Estonia). El texto, por lo tanto, es una voz que alberga otras voces en conflicto, en desacuerdos o acuerdos sociales, culturales, estéticos, filosóficos, científicos, religiosos; un discurso que quiebra las fronteras del tiempo y espacio. Comunicación en potencia mediada desde lo textual (oral, escrito) en conceptos que socialmente mutan y se replantean por el filtro que un autor escoge en su forma expresiva.

Ese es el caso que propone Caída del búfalo sin nombre, permitiéndole al lector, situarse en diferentes planos del suicidio como tema central, saliéndose o adentrándose por medio de los mecanismos de lectura que permite cohesionar el fondo reflexivo del tema con el salto de una voz a otra. Una voz que se evidencia con trazos autobiográficos, otra que diserta sobre el suicidio desde la antropología y filosofía, otra que integra una poética, otra que se sirve del cine como estrategia para generar construcciones de poemas versificados. Tantas voces que se ubiquen en el libro se traducen en tantos discursos que posibilitan distintas actitudes de lectura.

Todo gira alrededor de Carmen, la que cae de la manada de búfalos:

Me alivia saber que en ese teatro de tormenta, mientras prosigo tendido junto a mi madre y a mi abuela, aún no he dicho nada articulado: sólo un chasquido como el temporal, la imitación de una voz áspera, voz laya que se hunde en la tierra. Es la voz de mi abuela. Nos habla casi dormida, a medio camino entre la vigilia y el malsueño. Habla del cobijo, del techo que pudo haberse volado con el viento, de su epopeya para afianzar nuestro refugio; también de inundaciones y diluvios. Habla (…) (pp. 60-61).

Ese habla que llega como un eco, transgrede las nociones del tiempo. Es una voz que sufre una textualización, del habla al texto; no divaga en la memoria, se funde en la tierra de los signos. Escoge otra articulación y resonancia:

Igual que los hombres del paleolítico pintaron búfalos rojos en la piedra (rupes, rupestris) de las cavernas de Cantabria, al tiempo que hacían nacer la música de las maderas y las valvas, el niño mago, el niño sacerdote, busca a sus antepasados —a sus padres y abuelos, al intérprete del sonido en las grutas más distantes— detrás de los ojos: en el sueño y el escondite, en el sitio onírico de la cueva. Busca a Dios para agarrarlo de los pelos (p. 17)

El rescate de la voz de Carmen cumple una función análoga al rescate de las palabras de las primeras comunidades humanas,  de allí, la transposición búfalo-antepasados, búfalo-comunidad. En esta comunidad se ubican las posibles respuestas, no sobre el suicidio, sino sobre una posibilidad del sentido que tiene la muerte y su repercusión en el tiempo, captada en Carmen como signo que se construye y se desplaza en distintos lenguajes. Para ello, Tarrab emplea una arqueología discursiva (Foucault, 2010) (6) para resemantizar a Carmen, desde una Carmen familiar hasta la que se actualiza en los libros, en la historia, en lo sagrado, una Carmen que se inmortaliza en las voces del texto:

Carmen significa la viña del señor, «es inquieta e independiente, sabe escuchar a los demás ya que es muy humana, es muy leal y de carácter fuerte, que disimula por su agradable forma de ser, nuestra señora del Carmen, Carmen Conde, Carmen Laffont, Carmen Laforet, Carmen Maura, Violeta del Carmen, Carmen de Sevilla y Carmen de Bizet, Carmen gitana de temperamento fiero, asesinada por su amante don José». Hay cosas que de tanto esperarlas se pierden, se quedan en otro lado, nos movemos para buscarlas y las vamos perdiendo (pp. 90-91).

Otro rasgo de la polifonía en su modo, actualmente comprendido, como intertextualidad presente en el libro, se muestra en la forma versificada de un poema que alude al personaje legendario Buffalo Bill, cazador de bisontes, un clásico cinematográfico del género western:

(…)
varios Buffalo Bill montando a pelo y atajando la llanura,
varios Buffalos montados en Cristo, nuestro Señor,
la Sagrada Familia,
la humedad en la página, sobre el nombre
HaShem, para impetrarme la divina,
el hedor, las visiones negras del alcohol,
el estiércol y la broza mojada en las planicies de Dakota
(…)
un rocío sépalo en los labios:
de ninguna de las maneras —voz—,
el delgado hilo de la última llamada,
la llamada Carmen, la llagada,
(…)
mi nombre búfalo Buffalo Bill,
un nombre sin cuerpo en la caída,
un cuerpo, mano, torso, hinojo,
despojándose del nombre,
despojando, descosiendo su accidente.
(pp. 70, 71 y 72).

El famoso cazador cumple un sentido dentro del poema con rasgos distintos al conocido, es un Buffalo Bill acompañado con elementos religiosos (judeocristiano) y fragmentado en escenas de sus películas. Es un Buffalo que cae paralelamente a la voz de Carmen en el tiempo y espacio. Son dos movimientos simultáneos del mismo cuerpo que ha perdido sus nombres, ya no es Buffalo, no es Carmen, es la física de la masa que desciende a la tierra donde su voz se corta definitivamente. La religión cumple aquí un ritual de rescate, de evocación, la vuelta digna del nombre. Los signos del judaísmo y los símbolos del cristianismo se funden para hilar una voz que desde la comunidad, no se nombra porque rechazó la vida.

La vela se ha apagado pero el revelado de las fotos inscritas en el recuerdo, nombran, designan, moldean lenguajes, se apropia de otros significados, una vela capaz de alumbrar desde el vidrio fragmentado que juega entre la vida y la muerte.

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Cuando Paul de Man (7) se formuló la interrogante ¿Quién habla en el texto? en torno a la posibilidad de igualar la escritura de tono confesional (biografía, autobiografía, cartas, memorias, autorretratos, entre otros) a género literario, sin lugar a dudas, el crítico, de origen belga muy amigo de Jacques Derrida, influyó para colocar esto en discusión. Para la línea deconstructivista el yo cumple una figura de lectura dentro del texto. Realmente, el que firma un texto es otro de los tantos elementos que compone la arquitectura textual, que sea él, ella o nosotros quienes hablamos, acompañada de una profunda emoción contenida, no condiciona la correspondencia autor (no-ficción)-texto. Como figura de lectura, ese yo inserto se comporta como una voz con autonomía expresiva, llena de sentido que interactúa, además, con otras figuras dentro del texto, con otras voces como nos señaló Bajtín anteriormente.

Lo confesional, desde lo prosaico, en este sentido, no es más que otra forma expresiva que dialoga intrí-extrínsecamente con otros géneros, con otras formas, registros, códigos, discursos. Tenemos una idea y un eco que esa forma existe en algún lado de nuestra biblioteca mental y que puede funcionar en la praxis poética cuando se escoge como contorno, revitalizándose de esta manera como un jeroglífico que pervive con trazos de espray en un graffiti.

«Resabios negros. Fuegos de la lengua invertebrada (cartas a cuatro manos)» es la última parte del libro Caída del búfalo sin nombre. Ensayos sobre el suicidio. Esta sección acoge en su forma, una poética que colinda con el discurso íntimo del autorretrato con estructuras del poema versificado. La memoria episódica se construye a partir de fechas y fragmentos que describen sucesos específicos de una voz femenina que se va diluyendo con el tiempo:

1977. Cúlpenme a mí por las atrocidades de mi cuerpo por la grupa montada en el lomo de una ahogada cúlpenme a mí por el espejo sin límites donde verán sus propias cabezas separadas de su centro y sus otras mitades dando saltos pequeños por los campos de la hambruna y la apetencia cúlpenme a mí por desear ustedes la soga y el llamado de la soga y no tenerla por dirigirse irremediablemente a la causa externa al accidente a lo externo lejos de ustedes por su propia indecisión cúlpenme a mí por la deformidad con que invoco mi propio nombre sagrado que no es mi nombre de pila ni el número azaroso y consonante cúlpenme a mí por violar la posición juiciosa de los santos por violar a Cristo a San Agustín quien condenó a Judas no por traición sino de infamia ante la vida por amarse por colgarse del cuello y de las piernas por ver el tiesto de la vida boca abajo (…) (p. 112)

El préstamo de una voz femenina que fenece por parte del poeta Tarrab actualiza no solo el autorretrato como práctica discursiva o forma expresiva confesional, sino el valor estético y funcional de ese yo, que permite al lector otra configuración de lectura. Precisamente, el grato desconcierto que deja estos procesos escriturales, traduce un trabajo de andamiaje complejo que remite al uso de una lógica amparada en la prosa. Esa voz atraviesa, como nos indica el poeta Mario Arteca (8):

(…) la poesía borra los vínculos con el lenguaje tal como lo conocemos. La poesía no comunica. La poesía no informa. La poesía remueve el lenguaje hasta ordenarlo en una nueva secuencia lógica. Y esa secuencia se impone por su estructura de composición: el tono, la forma, el sentido y la movilidad de la lengua (el artificio, la oralidad, etc.) (para n.° 19)

La nueva secuencia lógica se ubica en el modo que emplea el poeta como vehículo discursivo, en este caso el autorretrato para explotar esa figura en primera persona y darle un giro poético. El estado de suspensión que sufre esa voz, se textualiza luego, amparada en disertaciones filosóficas, teológicas, estéticas presentes en el libro de ensayos. Aquí el poema exige su posibilidad de articulación ante los lenguajes desplegados durante el recorrido por el libro. En este sentido, los ensayos no funcionan como una prioridad en una escala de lectura sino como un armazón para justificar una poética que subyace inscrita en los desdoblamientos de los distintos lenguajes, con el fin de plantearnos, al igual que el cine, una polifonía de voces que sobrepasan esas fronteras que, por lo general, les asignamos géneros discursivos.

Caída del búfalo sin nombre. Ensayos sobre el suicidio es un libro que se resiste a la facilidad de ser catalogado únicamente sobre ensayos, crítica de cine, elegía, autobiografía, poesía y disertación religiosa. Precisamente su objetivo es conducir al lector al trabajo que exige cuestionar y reflexionar  desde distintas visiones el tema del suicidio y, de esta forma, extraer de la cueva a los innombrables, a los búfalos tatuados de las rocas regadas en la memoria, por allá en los abismos, cerca de las vías del tren donde «Blanco» estaba listo para arrojarse a esa última hora en la que ya es tarde para «Ramón Sampedro». La semántica del suicidio no se reduce al aniquilamiento voluntario, por el contrario, goza de una polisemia como la muerte que acompaña a la vida.

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Notas
(1) En castellano, Al límite del atardecer (2011).
(2) El libro, Caída del búfalo sin nombre. Ensayos sobre el suicidio, apareció en formato digital en el año 2015. Malpaís ediciones publicará en el año 2017 una edición impresa y ampliada.
(3) Bajtín, M. (2003). Estética de la creación verbal. México: Siglo XXI editores.
(4) Un enunciado cargado de una subjetividad que funciona de réplica ante otras voces que supera las fronteras textuales, a su vez, una voz expresa un sistema de valores, creencias o representaciones de un individuo o de un grupo social.
(5) Lotman, Y. (1996). Semiosfera. Semiótica y cultura del texto. Madrid, España: Cátedra Ediciones.
(6) Foucault, M. (2010). La arqueología del saber. México: Siglo XXI Editores.
(7) De Man, P. (2005). La autobiografía como des-figuración. En Cuesta, J. y Jiménez, J. (Comps.), Teorías literarias del siglo XX. Una antología (pp. 461-471). Madrid, España: Ediciones Akal.
(8) Arteca, M. (2013). Poesía e ideología. Disponible en: http://www.vallejoandcompany.com/mario-arteca-poesia-e-ideologia/.

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Robert Rincón. Valencia, Venezuela, 1985. Poeta, docente y licenciado en Educación mención Lengua y Literatura por la UC. Posee una Maestría en Literatura latinoamericana y actualmente cursa un Doctorado en Ciencias Sociales mención Estudios Culturales (UC). Es subdirector de la revista Poesía, editada por el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC. Ha publicado Mercaderes (2010) y , en el 2014, fue merecedor del V Premio Nacional Universitario de Literatura Alfredo Armas Alfonzo, en el género poesía, con su libro Emaús y el vientre de arena.

La imagen que ilustra el post «Búfalos galopando» pertenece al fotográfo británico Edward James Muggeridge, conocido por su firma artística, Eadweard Muybridge. Los experimentos de Muggeridge en la cronofotografía, sirvieron, posteriormente, al desarrollo del cine.