La endofobia en la poesía venezolana

Apuntes

 

 

Reynaldo Pérez Só

 

Cuando Caupolicán Ovalles en su Elegía a la Muerte de Guatimocín, mi padre, alias el globo escribe: «mi padre ebrio habla con los ojos cerrados / camina con los ojos cerrados / cualquiera diría que es un muerto que camina / si él me preguntara que qué haría yo si él muere / yo hago pucheros y me le agarro a las piernas / si él me vuelve a preguntar sobre lo que yo haría si él se muriera / yo mezclo una pequeña risa con un pequeño puchero / si él me vuelve a preguntar // yo digo Que se muera…» Algo nos sorprende, el sentido trágico de la muerte de un ser querido y el desenfado amoroso, que busca esconderse en un humor típicamente venezolano, además de un lenguaje sin referencias a tradiciones manidas de los centros de poder cultural, fuesen franceses, españoles o nórdicos. Al momento de la publicación de su texto en 1967, nuestra literatura vivía los sueños oníricos criollos del surrealismo francés o la toma de patrones ligados a los alcances poéticos norteamericanos de la beat generation. Claro que anteriormente tenemos unos poemas publicados de Ramón Palomares, que luego aparecerían como libro en Paisano, mostrando la intención de una poética distinta, auténticamente nacional en el sentido de captar el pathos de una población que le permitiese revelarse a sí misma. Nombro entre los pocos a estos dos poetas. Sin embargo, Salustio González Rincones, Enriqueta Arvelo Larriva, especialmente en sus dos primeros libros. Andrés Eloy Blanco, aunque a veces con devaneos españolistas. José Rafael Muñoz, Hesnor Rivera, Jesús Sanoja Hernández, Teófilo Tortolero y el José Barroeta de Todos han muerto, publicado en el Papel Literario. Ellos, cada quien en lo posible, procuraron hacerse de una voz sintónica al ámbito que los vio crecer y morir. Lo cual no significa que siempre fuera así. Hay caídas, reflexiones, retomas y abandonos. Sin embargo, en fijar posiciones no se puede ser maniqueo, menos aun cuando las manipulaciones jamás cesan bajo la lluvia transcultural que permea sutilmente las posiciones ideológicas.

:

2

La transculturación en poesía mata el acto creativo del poeta. La capacidad comunicativa auténtica se derrumba, incluso antes de producirse el texto. Aunque el aplauso y la aceptación insubstancial parecieran travestirse de éxito momentáneo. Un mientras tanto es el premio de la agonía.

:

3

No sabemos leer ni leernos. No estamos en capacidad de diferenciar el bien del mal, porque creenos saber leer, creemos saber escribir. Transculturación y aculturación deben ser detectadas a tiempo para no ser desterrados de sí mismos.

:

4

Elaboramos calcos poéticos, cadáveres exquisitos, y desde ese momento saltamos el muro hacia una intelectualización poética privada de originalidad o nos convertimos en ciudadanos de segunda de una tradición que nos mira como meras caricaturas porque así lo exhibimos.

:

5

La endofobia impregna nuestra conducta poética. No la confundamos con la humildad. Ella mira a lo lejos, nos seducen las bambalinas culturales que si bien para sus genuinos creadores funcionan, no para nosotros. Tengamos en cuenta que admirar el surrealismo, el expresionismo alemán y tantos otros ismos, es únicamente admiración, no imitación. El que imita imita y de ahí no pasa. La endofobia no debería ser objeto de la cultura, sino de la psiquiatría. Disociación o alienación particularmente en el arte.

:

6

Aprender a leer lo que subyace en la escritura, no introyectar valores que responden a culturas del poder. Formas, giros, miradas. Reconocerlas, admirarlas, nunca seguirlas plasmándolas, de forma tal que traducidas a la lengua de donde provienen delatan de inmediato su origen. Hay poetas criollos que vertidos a las lenguas que calcan, quedan convertidos en meros ingenuos tercermundistas risibles.

:

7

Aprender a escribir después de saber leerse. ¿Hay calco, aculturación, transculturación, endofobia en lo que hago? Debiera ser una pregunta latente antes de publicar un texto.

:

8

¿Cómo diferenciar aculturación de transculturación  en las intenciones del escrito? Es fácil, Shakespeare, Garcilaso o Camões  son ejemplos de aculturación, préstamos culturales, del soneto de Petrarca. Otro ejemplo, Charles Baudelaire con Edgar A. Poe. No podían ser víctimas de la endofobia.

:

9

Esencial el distanciamiento entre transculturación con las llamadas influencias para así no solapar lo que no puede ser ocultado. La influencia es un proceso de aculturación, en donde jamás el autor deja de ser sí mismo, y es más, agrega una mirada plenamente renovada que en el otro no se sospecha. López Velarde, Martí, Alonso Quesada o Vallejo ultrapasan las propuestas de Darío.

:

10

Alguna vez se le preguntó a Vicente Gerbasi qué le parecían los hallazgos poéticos de otro poeta venezolano. Su respuesta fue contundente: «Yo lo leo en su idioma original, no en criollo». Sin comentarios.

:

11

El lenguaje siempre revela parecer traducción. También, que los escritos muestran provenir de otra época, antiguos artefactos del siglo XIX, inicios del XX, a pesar que aparezcan giros, palabras, construcciones actuales. Por lo general, un no sé qué obsoleto, extraño, se evidencia en los escritos.

:

12

Una gran endofobia flota en la mayoría de nuestros poetas. Evidente en el idioma, en la intelectualización, en una supuesta universalidad de la comunicación. A veces se oculta al mostrar toponimias propias de conocimiento general, pero la postura del portavoz la denuncia por carencia de autenticidad.

:

13

El habla florida, exuberante, preñada de exotismos al ojo extranjero como serpientes, pumas, dantas, sapos gigantes, garzas, armadillos, perezas, samanes, chaguaramos, selvas, Orinoco al gusto de los Viajeros de Indias. La escritura busca un lector ideal y este lector ideal cruza los mares. Se escribe vendiendo, en cierta forma, el patrón de aquellos antiguos escribanos para atraer pobladores y aventureros, hoy para traficar poesía falsa al gusto de los mismos receptores.

:

14

El recurrente tema de la poesía de la negritud no siempre toca fondo, se escribe superficialidad sobre superficialidad: tópicos rítmicos desnaturalizados del hombre afrodescendiente, como si lo baladí  fuese su esencia. Lugares comunes sobre el lenguaje, pero sin ahondar en lo humanamente humano. El gusto, el pensamiento ideológico, del «civilizado» patrón llenan las páginas, por no decir libros. Etnocentrismo puro.

:

15

¿En qué forma puede el poeta no ser absorbido por estos procesos violentos de transculturación que lo niegan? Aprender a observar, reconocerlos en otros y voluntariamente desterrarlos de la propia escritura. Un hecho infalible es que nunca el poema calco fluye natural, gaguea el habla, viene cargado de aparentes cultismos o cubierto del parecer ser.

:

16

Recurrir al folclor es una trampa, lo folclórico y lo telúrico no siempre se traducen en genuino, y pueden ser transculturación maquillada de aparente tradición. Vemos canciones nacionales con vocablos como ruiseñores, primaveras, paisajes típicos europeos, sentir incoherente con el psiquismo típico de lo descripto. Saltos en el afán de hacerlos «más digeribles», universalizándolos.

:

17

La Real Academia pule, lo que significa en otros términos producir un acto de conversión: de lo incorrecto que somos a lo correcto del poder.

:

18

Se nos afirma: Somos una nación joven, debemos tomar lo justo de las grandes civilizaciones, si nos quedamos con lo que tenemos no vamos a ninguna parte, el éxito de ellos radica en sus logros como países históricos. Ni somos países jóvenes, ni existen culturas superiores. La poesía no se valora por el uso de la rueda, como tampoco por la capacidad destructiva de un pueblo.

:

19

Como peces en una pecera comemos lo que nos dan, respiramos el aire del agua que nos ofrecen. La pecera, en verdad, no es totalmente real, depende sí de la domesticación personalmente asumida. Franz Fanon sobre el travestismo cultural apunta directamente al blanco.

:

20

La cadena educativa, la familia y la escuela, básicamente conservan un status quo ideológico continuado en el tiempo en pro de saquear lo genuino diferenciador. Actualmente, los medios electrónicos y de masas sean quizá los mayores enemigos, por su persistencia y disimulo de cómo sutilmente operan.

:

21

Un texto del poeta José Barroeta no habla de cisnes, ni de Brooklyn, ni castaños ni bulevares: «Mataron al sapo de la casa, / lo mataron. / Su cadáver abre a mi vientre la juventud / la ignora y sepulta en vasos seculares. // El sapo salta de sus cuernos de noche / mi alma espera (…)  Soy un sapo. Salgo de noche con el origen / a comenzar. Tengo verrugas…» En el poema no encontramos los extraordinarios sapos de Bashó ni al triste de Max Jacob, sino al sapo que según la tradición purifica las aguas, las casas, tan querido en las representaciones indígenas de toda Venezuela. Para la cultura eurocéntrica este noble animal se asocia a lo maligno, a la hechicería, al temor. El poeta no tiene pruritos ante la imagen, la aborda directamente porque el interlocutor no necesita explicaciones. Teófilo Tortolero igualmente en sintonía con Barroeta: «Me quedo con la muerte gustando / los sapos en el patio; muerte que la tuya / la mía en todos, caídas desde el cielo / lleno de su firme azul y nubes/ de los cantores del aire y su tibio plumaje». Poesía de la resistencia ajena a las estridencias reconocidas como «poéticas» para la apergaminada herencia eurocéntrica.

:

22

En sentido contrario al norte que señala la endofobia ciertamente pudiera radicar una posible respuesta a la escritura. López Velarde se negaba a leer traducciones, los poetas de la Semana Moderna de Arte de Brasil, en 1922, se descubren a sí mismos en su propia antropofagia. Vallejo desde una celda aprende a mirar la cercanía. Salomón de la Selva encuentra su selva en el corazón postizo de lo que él no era. En todos ellos algo los aúna, una consciencia de no desear ser el otro, además rechazarlo a voluntad. Sin invenciones retóricas, apenas mirar hacia adentro donde el lenguaje fidedigno se halla presente.

:

23

Negarse a los aciertos de las tendencias críticas venidas, dudar de los premios celebrados por la metrópolis del poder, comparar el habla a la de la infancia vivida donde nunca caben imposturas. Quizá pudiera ofrecer pistas, lo cual no siempre es seguro si la innegable honestidad personal no germina adentro.

:

24

Leerse una y otra vez para reconocer en qué se falla, hacerlo en voz alta hasta que el niño que sofocamos día y noche nos escuche sin obligarlo a entender y diga: «hay algo bonito en lo que hablas», o «me da miedo en eso que dices».

:

25

Quizá cada uno de nosotros sufra inconscientemente de la enfermedad endofóbica, hasta demostrar lo contrario. Pensar que el tema, la ideología, la sensibilidad social inmunizan contra el germen es pueril. Tenemos muestras fehacientes sin hacer de la búsqueda el mayor esfuerzo.

:

26

Imposible asumir el espíritu del Siglo de Oro o los años veinte, de tratarse tendremos una elaborada pretensión como ocurre en arquitectura de construir una casa colonial en el siglo XXI a no ser en el cine, el teatro o los parques temáticos. El tiempo y su entorno en el poema no se falsifican, aunque medie la nostalgia como ocultamiento. El acto de la creación poética no escapa de su tiempo, presente o no la honestidad, lo que sí se evidencia son las ausencias del temple de ánimo, digamos la propia circunstancia que asocia lo real sentido con lo real escrito.

:

27

Adrede podemos escribir un texto especialmente disociado. Baste tomar como modelo a Mallarmé o a sus epígonos, original o en traducción: 1) Substituir los vocablos por los nuestros. 2) Las frases verterlas a las de nuestro ámbito. 3) Conservar su espíritu en lo posible, me explico, la atmósfera delicada que la música otorga al poema. 4) No hacer mención de localismos si el texto original no los contiene, en resumen mantenerse en la abstracción puramente aséptica. 5) No permitir que la emoción intervenga, pues la poesía se factura con palabras y solo debe intervenir el centro intelectual. Finalmente, pulir, abrillantar sonidos, resonancias. Excelentes modelos de práctica de inicio puede ser William Carlos Williams, aunque mejor fuese Louis Zukofsky y por qué no Francis Ponge, René Char u otros. No se sugieren Pessoa, Aloysius Bertrand, Baudelaire, ni Michaux y menos Rimbaud, ya desgastados en letra ajena.

:

28

El poeta endofóbico habitualmente escribe con los ojos cerrados, su capacidad autocrítica permanece ausente, su relación con el entorno circula por un único canal en un túnel con la guía deslumbrante de lo que piensa ser la salida. Sin escuchar, sin mirar a los lados no puede hablar con Dios aunque esté solo.

:

29

«Yo a veces creo que soy un burro / y que si le pegan a mi hijo soy capaz de rebuznar». Escribe Rafael José Muñoz para quien Hesnor Rivera a callas, casi susurrante, afirmaría: «luego de muchos sueños    dios de los sueños / muerto o vivo mi ciempiés nocturno / la plena selva ha de rodearme con grandes nubes y destellos». Ante lo cual se suma Ana Enriqueta Terán: «Como quien escribe una oración y pide en la oración mucha humildad / y un extenso aliento para resistir brillo y cercanía de la PALABRA».

:

30

Nuestra más auténtica poesía es diálogo en la noche, reconocible por el tono de las voces familiares, el tacto inconfundible de las manos que tocan, que tocamos. El resto es bisutería que oro reluce pero plata no es, charlatanería retórica que vende manteca de tigre en los mercados libres de la lírica.

:

31

La respuesta radica en presentir que lo real de las posturas poéticas aportadas, deslumbrantes, son mero papel moneda cuyo respaldo en oro no existe, por lo tanto puro papel entre las manos. Dudar revela la disociación, incluida la nuestra probable.

:

32

La poesía hueca, casi siempre, es endofóbica.

 

 

 

Reynaldo Pérez Só. Venezuela, 1945. Poeta, traductor, editor, profesor y médico. Fue Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo donde fue co-fundador de la revista Poesía, la cual dirigió durante varios años. Entre sus libros de poesía destacan: Para morirnos de otro sueño (1971); Tanmatra (1972); Nuevos poemas (1975); 25 Poemas (1982); Matadero (1986); Reclamo (1992); Px (1996); Solonbra (1998) y Rosae rosarum (2011). Su vida y su trayectoria literaria fue reconocida por el Festival Mundial de Poesía de Venezuela y el Encuentro Internacional POESIA Universidad de Carabobo. Pérez Só forma parte de nuestro equipo de colaboradores.

La imagen que ilustra este post pertenece a un detalle de la obra «De mulato y mestiza, produce mulato es torna atrás» del artista mexicano Juan Rodríguez Juárez (1694 – 1725). Cortesía del portal web www.latinamericanart.com/: