El cholo del gueto migrante

Robert Rincón

 
Soy el origen de las razas
clasifico el cardumen con cañones
sin embargo construyo fantasmas en serie
me alimento de la ignorancia aspirante a la ceguera
acumulo fragmentos de abismos para retratar esperanza
soy el hambre
y el eclipse solar de la mirada objeto de los sueños moribundos
Giovanni Collazos

 

El «cholo» como significante identitario es asignado al grupo social de acentuación étnica que resultó del contacto, choque, subversión y síntesis entre lo aborigen con lo europeo desde el periodo colonial. Referido proceso y consecuencia hibrida en tanto expresión, imágenes y símbolos fueron experimentados en aquellos países con una población mayoritariamente de origen indígena. Perú es una de estas regiones donde lo  «cholo» contribuye a un replanteamiento de lo «nacional»  en cuanto a sus valores y  articulación de prácticas discursivas (política, económica, epistemológica y estética) que representen un sentido de cohesión social y muestre, más allá de sus fronteras, una especificidad geosocial ante el resto de las naciones.

Sin embargo, lo «cholo» como signo social y cultural ha estado asociado a elementos negativos, dado al arraigo fenotípico indígena y a la pobreza material asociada a las zonas donde habitan, que en su mayoría son lugares de la periferia urbana con las precariedades de la vida moderna metropolitana. Lo «cholo» como identidad cultural, en este sentido, es cubierto de un tratamiento de negación racial, pese al reconocimiento del poder oficial como «parte incluida» de un todo homogéneo.

Lo «cholo» gira alrededor de dos aspectos centrales: 1) lo étnico-racial que se le atribuye a los elementos fenotípicos indígenas de estos sujetos; a la indumentaria que poseen y confeccionan; al lenguaje que expresan y a la pobreza material a la que están vinculados. 2) El carácter subversivo o la búsqueda de una reoriginalización cultural (Quijano, 1998) por medio de nuevos recursos expresivos y la innovación de elementos adquiridos (lo transcultural).

Lo étnico-racial no recae únicamente en lo «fenotípico» o lo «indígena» como conceptos que acompañan al «cholo», ya que su peso categorial se apoya en el signo ideológico de raza, no en su sentido biológico acostumbrado en las cátedras de la antropología europea, sino en su relación con los valores compartidos por aquellos grupos sociales con un arraigo indígena o africano, inferiorizados por el orden racial impuesto por el poder. Ideas que concuerda con la teoría económica política de Aníbal Quijano (1992), estudioso de la obra de José Carlos Mariátegui, quien plantea que lo racial es un aspecto subscrito en la modernidad y fundamentado en el periodo colonial como el modo de dominación, división, control del trabajo y la vida en general de los sujetos racializados (negros, indígenas y sus mestizajes posteriores, igualmente, dominados por la mentalidad blanca metropolitana).

El «cholo» como sujeto racializado comparte el «gueto» como el imaginario de la marginalidad de la cultura dominante peruana, así como lo africano en Cuba o Colombia, como lo indígena en Ecuador, lo chicano en los EE.UU. o lo latinoamericano en Europa en sus distintos modos y niveles (jurídico, educativo, económico y cultural).

Al igual que el cholo en Perú, el migrante latinoamericano bien sea su destino Europa o EE.UU. se enfrenta al mismo problema colonial-racial (Grosfoguel, 2007) que lo marginaliza por sus costumbres del territorio de origen, su lenguaje, sus rasgos fenotípicos y su mirada del mundo particular. La diferencia cultural es una barrera para el inmigrante racializado en las grandes capitales del mundo, teniendo al «gueto» como enclave de la vida compartida con sus semejantes.

 

 

El libro Migrante (La Garúa, 2017) del poeta peruano Giovanni Collazos (Lima, 1977) comparte la mirada del nómada que trae consigo un conjunto de códigos y experiencias que se materializan en un lenguaje del conflicto ante la discriminación por ser extranjero, por ser peruano, por ser el cholo-negro, por ser el latinoamericano en Europa.

Migrante  contiene una atmosfera de denuncia, donde el poeta, con la finalidad de crear nuevos sentidos, altera el orden sintáctico del verso en la supresión de artículos, el uso de sustantivos como adjetivos y los verbos antes del sustantivo: «Me arrebató la fábula esperanza de la combustión / de ser el sonido de sus órganos (…) parto sobrio por cuencos psicóticos / en el origen roto de calles que se arrastran en la piel» (p.18). Este desorden sintáctico al ser escuchado junto a las imágenes que la acompañan revela la impronta vallejeana y lezámica actualizadas en otras condiciones culturales para ser representados y otra conciencia que emerge en la voz de Migrante.

Esta construcción de imágenes permite, por otra parte, desligar este tipo denuncia estética con esa poesía «comprometida»  que se queda en el panfleto con pretensiones románticas del agitador social, sino mostrar al hombre con sus precariedades materiales en la muralla que se levanta entre el pasado y el presente; entre el ser dejado en el territorio y lo que es en el nuevo:

He sabido de la inmovilidad del cerebro
simulacro de minutos entre los ojos porfía
me quito la camisa notándose el hambre
suena el pelvis un pensamiento
(…)
no hay madre y la existencia se prolonga
no hay vida y la sábana cubre el hueso del hombre
intacto de axila tuerce el sudor para sus monedas. (p.52)

 

La precariedad material que acompaña al migrante racializado se adjunta al lugar de enunciación donde expresa su visión de mundo, sea el gueto u otra zona al margen de la metrópolis, la muralla cultural, posición que concuerda con el texto Condenados de la tierra (1983) de Franz Fanon, quien incorpora la idea de los mundos en compartimientos como lógica del mundo colonial. Compartimiento es la delimitación territorial y cultural hacia una población sometida (apartheid). Dividirla, aislarla, distribuir con el fin de reorganizar territorios e implantar esquemas sociales eficientes. Zonas para los colonos, ciudad de los blancos, de extranjeros. La zona del colonizado (indígena, negra, árabe) arrojados a la suerte, de hambre y dolor. Ese mundo en compartimientos, ese mundo cortado en dos está habitado por especies diferentes.

Los mundos en compartimientos que nos señala Fanon son posibles de trasladar a Migrante en el siguiente fragmento:

El migrante color del hombre en los pechos de un cuarto modesto con paredes de semen, al dia siguiente servir mesas en huellas capilares, sentarse en el toldo mojado de las églogas que tienen nombre de elásticas carnívoras. El amor como objeto punzante no duele más que estar en las veredas con la saliva desnuda que estira su mano larguísima para el pan de la medianoche (…) (p.20)

Puede observarse como este micro-mundo de los que viven al margen constituye una especie de alter-mundo donde se encuentran los desposeídos, los de color y los inmigrantes. Por su parte, Santos (2009) argumenta que esta división territorial se fundamenta en un pensamiento abismal que se caracteriza por la separación y la dominación de la naturaleza (principio de la modernidad) con la finalidad de justificar el poder sobre lo diferente, practicándose desde distintas posiciones: lo verdadero / falso (ciencia-religión), lo legal / ilegal (leyes), aceptación / extrañeza (género, etnia). Una mirada actualizada de estos aspectos nos reflejaría el escenario de los que pertenecen al abismo: ignorantes, incrédulos, ilegales, extraños y diferentes. Santos (ob.cit) también propone una cartografía abismal, este mapa se caracteriza por espacios territoriales que pese a encontrarse en lugares reconocidos se asumen al margen de lo ilegal, basado en las no-áreas, son territorios que se crean fuera de toda legalidad, en donde a los humanos que la habitan padencen un tratamiento subhumano (Guantánamo, campos de refugiados, guetos, fábricas de explotación, prisiones, mercado negro de órganos humanos, trabajo infantil y prostitución) que constituyen nuevas formas de esclavitud y prácticas marginalizadas socialmente (terroristas, inmigrantes, refugiados). La sociedad distribuida, planificada, organizada se debe al parcelamiento de los otros, al margen. Este tratamiento recibe el nombre de fascismo del apartheid social.

Esta topografía parcelada, por lo tanto, no representan simbólicamente una lucha de clases o étnica, es las consecuencias del modelo capitalista y del orden colonial impuesto. El paria solo logra reconocimiento en la medida en que trabaja para mantener tal apartheid, asumiendo la imposición de una inferioridad racial que lo despoja de cualquier privilegio.

 

Fanon nos dice: hablar una lengua es una forma de asumir un mundo, una cultura.  El cholo, el Migrante Giovanni nos dice desde el gueto:

(…)
vocablo exilio para el diámetro peso de pies que clama nombre
del túquéhacesacá veteatupaíssinotegusta
occidental del impuesto del viaje con claridad de cilantro
tu potestad en el derrumbe
donde yaces frondoso marinado con tu canchita entre los dientes
tu chicha baila tu cumbia lumpen incrustada en la piel
imaginar un mapa con las vísceras de una tierra que estalla póstuma la noche.
(p.48).

 

 

Referencias:
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Collazos, G. (2017). Migrante .España: La Garúa.
Fanon, F. (1983). Los condenados de la tierra. México: Fondo de la cultura económica.
Grosfoguel, R. (2007). Migrantes coloniales caribeños en los centros metropolitanos del sistema-mundo los casos de Estados Unidos, Francia, los Países Bajos y el Reino Unido. Barcelona: Edicions Bellaterra.
Quijano, A. y Wallerstein, I. (1992). La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial. En: Revista Internacional de Ciencias Sociales. (134): 583-591.
Quijano, A. (1998). La colonialidad del poder y la experiencia cultural latinoamericana. En: Pueblo, época y desarrollo: La sociología de América Latina. Caracas: LACSO-Nueva sociedad.
Santos, B. de Sousa. (2009). Una epistemología del sur: la reinvención del conocimiento y la emancipación social. Argentina: Clacso, Siglo XXI Editores.,,

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Robert Rincón. Valencia, Venezuela, 1985. Poeta, docente y licenciado en Educación mención Lengua y Literatura por la UC. Posee una Maestría en Literatura latinoamericana y actualmente cursa un Doctorado en Ciencias Sociales mención Estudios Culturales (UC). Es Jefe de redacción de la revista Poesía, editada por el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC. Ha publicado Mercaderes (2010) y , en el 2014, fue merecedor del V Premio Nacional Universitario de Literatura Alfredo Armas Alfonzo, en el género poesía, con su libro Emaús y el vientre de arena (2017).

Para leer una muestra de los poemas de Migrante.