Ecos de Eugène Guillevic

Una teoría genética de la traducción

 

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Por César Panza

 

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Se nos enseñó en la escuela secundaria que la condición primera, y primaria, de lo vital es un acto de traducción. El ADN, como la sustancia de la herencia, es el soporte molecular de toda la información que la unidad más básica de lo vivo debe contener, para sostenerse en sus ciclos y multiplicarse más allá. Tal información está codificada en un lenguaje de cuatro letras: el ACGT, representando cada una de las letras las bases nitrogenadas, juntas por fosfatos y azúcares. Tal lenguaje cuenta además con una gramática de puntuación y un protocolo de codificación y corrección de errores que le permite duplicarse traduciéndose/sintetizándose en proteínas y enzimas que constituirán el orden y estructura de la célula. En el reino/ cada cual/ está en busca/ de sus coordenadas. Tanto la biología como la poesía se sirven a sí mismas.

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El afuera/ debe existir. El matemático francés Camille Jordan enunció un principio topológico en apariencia trivial, pero de ardua demostración: Toda curva cerrada simple del plano divide a éste en dos regiones separadas, regiones que tienen a la curva como frontera común. Una de estas componentes está acotada, el interior de la curva, y la otra no, el exterior. Sean como ejemplos: la órbita de un planeta, las fronteras de un país, el perímetro de un círculo, la pared de una célula. Pues En torno al reino/entonces hay muros. Es adentro de dichos muros donde reina la palabra de los genes: cómo se construye, qué se destruye, qué entra, qué sale, qué es alimento, qué intercambio, qué detritos, qué contrabando. Se trata de cierta permeabilidad discreta que prodiga una comunicación: en torno al reino/ el viento busca/ portavoces. Para catalizar reacciones químicas, para re-in-formarse.

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¿Dónde reside el ADN? El adentro de un adentro acotado, conexo y cerrado, delimita su hábitat. Se guarece en un núcleo. El centro/ es como un canto/ que se escucha/ a sí mismo.

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¿Qué sostiene a esta cadena de letras que cifra la configuración de la vida? Un fluido en contradicción, hecho de viento y agua:

El agua/ memoria

El agua que no acaba nunca de soñarse

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¿Y qué lo alimenta? Recientemente, se han registrado organismos unicelulares que se nutren de la electricidad. El sol no habla de lo que le costó estar allí, mover el agua, hacerla río, corriente de iones positivos, rayo, materia con apenas masa. Célula: el agua que bebes/ ha conocido al mar.

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Excreta infecta la vida Guijarro y roca ¿El mismo lenguaje? ¿Las mismas fiestas? Poco después de enunciadas las leyes del monje Mendel, alguien logró aislar al ácido desoxirribonucleico de unas células pustulentas en vendas quirúrgicas, muchos años antes de saber que allí había un lenguaje nucleico, rico, autorreplicante, fundacional. Hasta en lo podrido hay una luz con sabor a humus, donde el tiempo se prepara.

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Enumerar acá a todas las células es imposible, catalogarlas en forma y función. Tampoco a todas las proteínas, a toda la gran cadena en doble hélice de letras: se dice que el genoma humano contiene más de 25000 palabras. Allá aquellas secuencias que se hacen en laboratorios con extraordinarios e infaustos experimentos de censura y edición. No siempre se tiene/ la fuerza para saludar(los). Pero sí podemos decir que la célula no está sola. Aunque el gladiolo/ no necesite de nadie, es diverso, es un alma.

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No hay que saber que el reino está arriba. Sin embargo, la traducción es un ascenso y hace colonias, tejidos de redes, órganos que laten, y mercados y sistemas. Se fundan nuevos nodos que construyen más adentros y más afueras. Se trata entonces de un movimiento ascendente, una verticalidad de lo que se traduce por Necesidad / del combate por la luz. La palabra se hace cuerpo, mejor dicho, cuerpos: múltiples cuerpos con historia y culturas. Acaso sean células de vidas superiores, quién sabe: El poder es indiscernible.

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Hoy mientras se vive, también se investiga el dilema del origen de la vida: lo que guarda información y lo que cataliza, lo que se busca a sí mismo en una paradójica confusión entre oquedad y forma, donde se confuden causas con consecuencias. Así como en El Reino de Eugène Guillevic cuando éste dice que el ruido de tus pasos te llega de otra parte. Pero se tiene por cierto que la propia vida depende de la variabilidad plástica de los organismos, su capacidad de mutar. Las mutaciones a veces pueden ser destructivas, comprometen el orden en la expresión de la palabra a través del tiempo y el espacio. Pero también pueden crear nuevas funciones o características nunca antes vistas y sin aparente utilidad sincrónica. Así la traducción de poesía, en su afán de replicación de un material nucleico, debe enfrentarse a tal variabilidad. Es una tormenta que funda un viaje, o lo alarga, como también es un país natal que conmina a avanzar, con o sin nosotros mismos.

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Ana María del Re replicó al ADN de Guillevic con la felicidad de preservar, gracias a la edición bilingüe de Monte Ávila Editores junto a Equinoccio (1997), lo vital Del reino. La evidencia es que provocó que otros todavía lean y traduzcan a Guillevic. Quien experimenta al reino de Ana María, sentirá a un dominio desplegándose y animando el locus vivo al que rige lo inmóvil.

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Una pregunta asedia a ratos al proceso de traducción: Célula, cuerpo que no se cansa de ser un cuerpo, próximo a otro, ¿lograrás arrojar la carga que te sumergiría en las catacumbas? No hay respuesta clara, más bien hay una orden que salva: Muestra tus manos.

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Traducir es sobre todo un ejercicio de lectura donde es imprescindible no mutar en lo que pueda procurar la proliferación de una perversión del código que le permite a la poesía decir y sonar al mismo tiempo. Por eso, en contra del secreto profesional, hay una serie de imperativos que a veces sirven, otras veces estorban. Por ejemplo, procurar que el citoesqueleto de la célula, lo que procura su movimiento, no confunda, pues él no lo es todo. Desplazarse con la célula en la horizontalidad del entorno propio, vivir con ella la condena de un círculo que se levanta en una hélice doble de cuatro letras. Guardar a la palabra de la tentación de hacerla toda fenotipo, guardarla como a las semillas en su doble realidad de inicio y final. Guardar alimento para lo esencial.

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Dijo Ana, como describiendo al trabajo de un científico: Conjeturas, hallazgos, revelaciones, sombras y resplandores: todo convive en la escritura [de Guillevic], mesurada e intensa. Celebra la vida con pasión y a cada paso está al borde de la muerte. Por eso la perseverancia en su duplicación, como un simple ARN-mensajero. Ella lo ha presentado axiomático y arbóreo, en su intento de seducir al sol con todas sus células tan luminosas por sí mismas. Brillantes y multiples.

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En el reino/Algo/ Es indestructible// El reino/ Lo sostiene.

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César Panza. Valencia, Venezuela, 1987. Poeta, docente, editor y traductor. Licenciado en Matemáticas por la Universidad de Carabobo, Panza se desempeña como miembro del comité de redacción de La Tuna de Oro y del comité de redacción de POESIA. Tradujo del inglés Canciones (1962-1970) de Bob Dylan (Fundarte, 2017).

Este texto fue leído en homenaje a la poeta y traductora venezolana Ana María del Re en el marco de la 18° Feria Internacional del libro Universidad de Carabobo 2017. La imagen que ilustra este post es una fotografía a una pieza de Yves Humblot ubicada en el parque de esculturas El Reino Guillevic, en Darney, Francia.