Dilemas médicos

BAZINGA ¡ ,   POESÍA Y TRADUCCIÓN

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Por Maurizio Medo

 

Después de concluir un día de trabajo, uno de aquellos que jamás debiera de haber existido, llego a casa huyendo de todo lo que se pueda encontrar fuera de ella: el tráfago los papeles de oficina… el smog… la radiación solar… Enciendo la tele, ¿por qué siempre la encuentro sintonizando el mismo canal? No lo sé. Aparecen frente a mí los nerds de la serie Big Bang Theory. En el capítulo de hoy Sheldon Cooper ha pasado tres días en vela tratando de encontrar una fórmula vinculada a los átomos, está completamente fuera de sí. Su roommate Leonard Hofstadter acude en su auxilio y lo encuentra completamente desaforado. Sheldon se zambulle, y luego reaparece entre un montón de pelotas multicolores. Leonard intenta calmarlo. Sheldon lo desafía: «atrápame si puedes», le dice, y se zambulle, y reaparece, casi inmediatamente después, entre ese montón de pelotas rojas, verdes, azules, amarillas y cada vez que lo hace exclama simplemente: Bazinga!. Me río de la escena. ¿Sé lo que significa Bazinga¡? No. Pero me río igual. ¿Habría sido diferente si, en ese momento, hubiera sabido que Bazinga es una interjección generalmente usada para burlarse de alguien en su presencia y que, en México, es traducida como vacilón? Tampoco. Lo que me causó risa fue el instante en el que Sheldon Cooper apareció, y volvió a zambullirse por entre ese mar de pelotas y exclamó Bazinga¡ Fue por su expresión facial, por el tono de la voz, por sus gestos, no por el significado de lo que dijo o no. Como 30’ de tele nos hastían y, lo que es peor, no logran nunca apaciguar el estrés, opto por retirarme. Enciendo esta vez la computadora para visitar la vecindad del Facebook. De pronto, un pana ecuatoriano, uno de ley, como lo es el gran Andrés Villalba, me ha escrito: «Mi bro, tú eres muy bacano, ¿me acolitas?» Dado que Andrés Villalba, el Tush, es de ley, yo puedo ¿o debo traducir?, que me está haciendo una invitación. Sí, traducir. En el diccionario no existen el sustantivo bro, el adjetivo bacano, ni el verbo elegido para señalar la acción sobre la que se me ha consultado, es decir, acolitar. ¿En qué idioma me está hablando? No es español. Pero desde el momento mismo en que transo y le respondo: «clarín», esta palabra también empezó a existir. ¿En español? No lo sé. Creo que, una buena parte del tiempo, siempre lo creí así, hablamos un lenguaje que no existe. Si mi pana hubiera añadido algo más como: si me acolitas cáete con algo, también tendría que haber traducido esto a mi cultura, que es mi experiencia, y en el momento en que, de acuerdo con mi intuición, les encontrara un sentido, todas estas palabras habrían comenzado a existir, al menos para los de mi tribu. Pienso en esto y se me vienen a la mente las turbas de jóvenes a quienes enseño. La mitad del tiempo se la pasan hablando en un idioma semejante Pero no nos lo explican. Nos exigen que los entendamos sin otorgarnos una sola concesión, de lo contrario terminamos fuera de onda, resignados a no poder adentrarnos y conocer bien sus territorios pues, eso dicho, no es otra cosa que la afirmación de su identidad. Pero eso que dicen los jóvenes existe sólo hoy, mañana quién sabe. Eso que hoy es bacano ayer fue chévere y hace algunos años pulenta, paja, mostro, padrísimo, buena onda. El lenguaje cambia continuamente y nosotros, totalmente a su merced, debemos traducirlo y para así poder comprenderlo. Algo parecido ocurre en la poesía, también se escribe (se dice) contra el poder del diccionario. La diferencia está en que lo único para lo que esta sirve, como señalaba Simic, es para hacer que los niños odien la escuela y brinquen de alegría el día que no tengan que ver más otro poema. En ese sentido, si yo me enfrento a un poeta como César Dávila Andrade y descubro la imagen: con un temblor de candelabros líquidos no voy a pensar que Dávila me está anunciando una inundación, un cataclismo o un movimiento sísmico. Habla, hablamos así, para figurar una experiencia fuera de la ley de un idioma, pero que empieza a existir conforme cobra un sentido dentro de una comunidad, por pequeña que esta sea. El lenguaje de los jóvenes y el lenguaje de los poetas constituyen formas de expresión utilizadas para dar testimonio de aquello que no se puede dar testimonio. Por el modo en el que nos expresamos, los jóvenes y los poetas, frente al español, somos extranjeros. Lo estamos viendo ahora: no lo hacemos en español, tal vez sí contra el español. Me pongo a pensar nuevamente en los jóvenes. Estoy seguro que si cualquiera de ellos, un sábado por la noche, se quedara colgado en su casa ante la tele o porque no ligó o, simplemente, por falta de lana y, al encenderla, escuchara decir al Capitán Jack Sparrow algo así como: «pues chaval vayámonos piraos al Perla Negra», sentiría algo muy semejante a quien, ignorando los entretelones de la historia de amor protagonizada por Charles Dogson y Alicia Lidell, se encontrara con este poema:

alicia (la confesión de Carroll)

excucusadme si os retraté con el cucuello ajirafado
o popor retratarla fefetal en una madriguera.
tatataaanta insistencia vuestra por oír aventuras.
sois la bebelleza atroz que escuece mi coconciencia
y cuaaaando os contemplo así de ensimismado
es que aando prepreguntando de qué sueño sois origen.
esta almama mía, rudi men ta ria y aritmética vive
sola babajo esta apariencia vuvulnerable. soy cacasi
una hecatombe que caaeeeeee dentro de vuestro
edénico seendedero y contrito presiéntete la muerte
de mi mi amor.
-cortadle la cabeza- sentenció vuestra mamadre.
que no os aflija. veveo aún como dibubujabais
oníniricas estampas bogando allá en el isis.
alicia, os coconvertiste en un innnstante eterno
en mi rereloj mamás nunca os confefesé del amor
que provocó.
aunque fuere yo un humimilde tutor inmerso
en la mamatemática y la lógica,
¿seríais fe feliz siendo mi esposa? (gulp)
búsquememe en el revés de vuestro espepejo.
os espero alicia.
yo os espero.

En este caso, el poema traduce, casi literalmente, una historia, ¿cuál? Dogson, tutor de Alicia, un hombre mucho mayor que ella, era tan tímido que tartamudeaba. Ciertas versiones aseveran que, incluso, Dogson pudo haber pedido la mano de Alicia, hecho que causó el enojo de la familia y puso fin a la relación que este mantuvo con los Liddell. El poema traduce la historia aunque, a veces, deba o quiera valerse de palabras que no existen. Un poema —decía Pessoa— es una impresión intelectualizada, o una idea transformada en emoción, comunicada a los otros, por medio de un ritmo. Este ritmo sitúa a la poesía fuera del idioma, es extranjera, como dije antes, pero ¿qué significa esto? El oficio del poeta lo es en la medida que, desde fuera de lo dictado por la norma, hace que el lenguaje recupere su condición de «productor de sentidos» y que sea capaz de traducir objetos reales que, al mismo tiempo son intraducibles, esta es la gran utopía de la escritura. Así como Sheldon Cooper exclamaba Bazinga¡ Cage tituló tacet y Héctor Hernández Montecinos habló de La Manicomia. Son expresiones que, tal vez, no posean una traducción literal pero que son válidas de acuerdo con el efecto y de ahí con la intuición que logran producir en nosotros. Yo no creo que un poema pueda traducirse, es decir reemplazar al original por su versión. Ambos constituyen en sí experiencias únicas. Creo, más bien, en ideas tales como interpretación, transtexto o reescritura, más allá del idioma en el que ocurran. Yo puedo reinterpretar un texto tanto del inglés al español como del español al español. Cuando estudiamos idiomas uno de los prejuicios con los que nos vacunan es con aquél de tradutore-traditore. Traductor-traidor. No sé si sea verdad, pero sí que traducir poesía no es una traición, es volver a decir lo ya dicho, pero con palabras diferentes y desde la propia experiencia. Incluso en caso se trate de una recreación, esta no traiciona al texto original, lo revivifica en otro espacio y en otro tiempo, lo regenera en la historia y le otorga un nuevo sentido. Es un viaje y, por lo tanto, una transformación.

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Maurizio Medo. Perú, 1965. Poeta. Es autor, entre otros libros de poesía, Manicomio (1a. ed., Santiago de Chile, 2005, La calabaza del diablo, 2a ed. Lima, Zignos, 2007; 3era ed., La regia cartonera, Monterrey, 2013; 4ta ed., Mantis, Guadalajara, 2013; 5ta ed. Varasek, Madrid, 2014), Dime novel (1era ed. Ediciones Liliputienses 2014, Arequipa; 2da ed., 2015, Luzzeta ediciones, Guadalajara) y parte de su obra reunida fue publicada en Ediciones Liliputienses en el año 2015 con el título Cuando el destino dejó de ser víspera. Editó también las antologías de La letra en que nació la pena: muestra de poesía peruana 1970-2004 (2004), con el poeta Raúl Zurita; País imaginario, escrituras y transtextos. Poesía latinoamericana 1960-1979 con el poeta español Benito Del Pliego (Amargord, Madrid, 2013) y el diálogo Escribir contra la pobreza, con el poeta Eduardo Milán (Monte Carmelo 2007). Su obra poética que ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, checo, croata, portugués e italiano, aparece en antologías tales como Pulir huesos: Veintitrés poetas latinoamericanos (Galaxia Gutenberg, 2007), La mitad del cuerpo sonríe. Antología de la poesía peruana contemporánea, de Víctor Manuel Mendiola (FCE, México, 2005), Festivas formas. Poesía peruana contemporánea, de Eduardo Espina (Colección Poesía, Editorial Universidad de Antioquía, Colombia, 2009) e Intersecciones. Doce poetas peruanos, de Ernesto Lumbreras (Calamus, México, 2010) y obtuvo reconocimientos tales como el Premio Nacional de poesía «Martín Adán 1986», en el Perú, y el Premio Internacional de Poesía «José María Eguren» 2005, organizado por el Instituto de Cultura Peruana y el Latin American Write Institute en la ciudad de New York. También se ha desempeñado como jurado en eventos como el Premio Hispanoamericano Festival de la Lira, celebrado en Cuenca, Ecuador; y en el Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña, celebrado en Saltillo, México