De «Maremágnum»

Alejandro Tarrab

 

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Llegué al maremágnum.
Tenía un enigma grande en la cabeza:
un enigma no formulado.

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No era de noche, aunque algo parecido
a la leche caía sobre nosotros.
Esa leche amarga que se mama en la sombra.

Jamás vi a los animales volar hacia el refugio.

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Bajo el domo de cristal
[el cristal se hace añicos],
…………………detrás de sus ojos
el pánico. No estaba disecado. Buscaba
no sabías qué [buscaba]. Pude sentir
el cristal —no ahí y ahí—
un gecónido del zoo pegado contra la nada.

Toda su vida latiendo en la garganta.

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Yo era el prójimo.
Cargaba espejos,
vidrio en las bolsas.

Yo era el prójimo.
Sabía sólo ver el ruido en los otros:
cabezas bajas alucinando a dios
(risas),
1000 hombres vibran (risas tenues),
vibran en la colmena
(piadosas).

1000 hombres —que es el genérico de loco o idiota,
forma, color, fondo, no se confunda—
vibran, litigan con metáforas.
¡La metáfora está viva!
(risas).
Vive en el carpe.

No me veía en los otros ni me veía en mí.
No sentía el cuerpo ni me sentía muerto:
era el prójimo. Era el ruido.
Las ganas de echarte
el lienzo contra la cara.

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Era el movimiento connatural,
la risa.
Seguía el instante del miedo,
1000 pasos titubeantes.

Yo era el prójimo,
la bendición.

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Raudal
Aleteos sobre las fachadas

Toqué el maremágnum, que es tocar la confusión.
Rocé la espalda sin que se dieran cuenta.

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Desde las azoteas planas infestadas de jaulas vacías,
a 15 metros de altura,
los batallones miran la formación de las olas.

Se vuelven muy fuertes, me desvían, me dividen, me distienden.

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Si se le raspara quedaría
rojo   como tantos otros exteriores.

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Aleteos

Las fachadas más solitarias son las de las peluquerías.

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Aleteos sobre las fachadas

escrib rap mai nomb
por toda
para que nadie
pueda

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Apenas una gran chimenea
que sopla humo da señales de vida
allí donde miles de hombres se consumen.

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Había un impulso por realizar proezas.
Caminar contra ellos en la vía más larga.

 

Eché los brazos atrás
fui la victoria alada.

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Aleteos sobre las fachadas 

Como la geomancia, las paredes blancas son una invitación al crimen.

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Odié a los que huyeron y se acercaron (tras de mí),
con sus no-formulaciones.

La tinta negra llenándoles la cabeza.

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No te paraba la tinta,
así que fui tras de ti
y te dije estas frases hechas:

—Nosotros cruzando a nado un lugar intermedio. Nosotros,
con la capacidad de conmover, mirándonos.

—Cada uno con nieve deshecha en las manos. La plaza soleada. Las bolas de diferente sabor, siempre.

—Un micromundo para nosotros siempre —algo que ni siquiera los demás intuyen.

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Te vi alejarte.

Quería decirte lo pesado y lento.
El peso muerto que me enterraba.

Vi las olas densas. La densidad clara del maremágnum.
La luz no paraba de lastimarte.

Ibas ganando terreno.

El arma —el cristal— me pesaba en los pantalones.

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La perversión de A,
la línea del maremágnum.

 

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En la totalidad de hechos del maremágnum,
¿qué es mirarse sangrar con gusto?,
¿cruzar las piernas mientras ves los colores?

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¿Si el sillón desde el que A observa
es un Settee rosa Luis XVI
—algo de seda y cachemir—
cambiaría su percepción?

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Los signos de A registran incrementos A crispado,
A inclemente alarido A, envuelto en el sudario suda:
gotas de un rocío de lima, su rostro ensangrentado.
Animal turbado animal en contra A
que tiene algo de crispar, río de un río de la sangre,
veneno coralillo A lambra lama. Flor de enfermedad.

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Lo cierto es que A permanece
como una parte infranqueable de los hechos.
Metido en la línea de cualquiera: vending, cruising.

 

A LIVE PEEP-SHOW

¡Tienes que verlo! Están vivas, están vivas.
Juegan.

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  ..*      A todo lo que se hunde en la tierra corrupción mala reputación putrefacción
*      procesos cólera. Al sábado al hierro a la hematita. El oído el gran simpático. Las
*      inversiones sexuales la morbosidad la toxicomanía. Agentes secretos espías
*      *   malhechores intermediarios de mala ley celestinas. Lugares hundidos minas
fosas subterráneos lugares sombríos malsanos lugares
. El ’atbat el kharidja- cauda Draconis-cola.
Aleteo.

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Acaricia los botones
también forrados de cachemir
(risas).

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Llegué al maremágnum
con golpes de ola contra la cara.

Hay un camino de vuelta desde la confusión
(bostezo).

 

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Con golpes de ola contra la cara
los niños se arrebatan, cruzan.

 

Rasgan la tela para llegar
al fin.

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Dormí el maremágnum en una confusión,
soñé tu alma fugitiva.

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Saturados por el ruido de los mensajes lapidarios.
Árbitro, árbol de poder.
Saturados por el estruendo artístico que enmarca la Obra,
los sistemas delirantes.

El idiota es un ángel sin mensaje.

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El idiota formula ruidos que son cantos, cantos que son oraciones.
Sacrificio: todo es religión.

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El idiota formula al oído
olas que no me quieren olvidar,
un canto entre los ojos.

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Lo escucho en un brote largo lo escucho.
Algo del enigma amanece.

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Sobre la estrecha y carnicera trama
el maremágnum. Monta esta farsa.

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Alejandro Tarrab. Ciudad de México, México, 1972. Poeta y ensayista. Actualmente cursa el doctorado en Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es autor de los siguientes libros: Litane (2006); Degenerativa (2009); Maremágnum (2016), Ensayos malogrados (2016) y Caída del búfalo sin nombre. Ensayos sobre el suicidio (2017). Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, portugués, checo y serbio. El poema «Maremágnum» se encuentra inédito y fue enviado a la redacción de POESIA por el autor.