Ania Varez

 Poemas inéditos

 

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Después de mucho gritar,
en una inhalación interrumpida por el cansancio, entenderás:
eres lo dictado por la sangre,
quizás has ido aprehendiendo la piel
al hábito, pero no basta.

Y si te nombras alma, no eres más que una planta parásita
en este muro del que intentas exprimir verdor,
el cuerpo.

Lo necesario es
admitirse hambriento o sediento.

Sólo entonces el paso será dado por agua,
por fruto, y del muro brotará la única gota
que no cuestionarás.

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He aquí la mesa sobre la que partiremos
el miedo
aquí flota, como la figura de un santo
entre desesperados,
cada astilla por país
por ciudad
por nombre perdido.

Habremos de aprender una canción sin idioma
nadar asidos a ella,
no habrá más pan que la sal
restante en los labios
y muchos no llegarán
a tiempo ni orilla.

A esta mesa interminable
del Atlántico
se sientan todos
tus muertos
y los míos.
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El señor Quintana
y el origami de su camisa
el reloj guiando su mano
a recoger juguetes del asfalto
y canarios desde el balcón
a recoger el hombro de los señores
que traían las mañanas
al vecindario, que traían saludos y cuentos
como pan caliente
para el señor Quintana:
todos cayeron
con él
junto al quiosco de la esquina.

 Lo mataron a coñazos, dijo mi padre.

Los ángeles de la ciudad
se han ido marchando sin paz
y yo no estuve allí
para despedirlos
para indignarme sin salida
o decir buenos días la mañana anterior a la última, sin saberlo,
para no saber, a su lado,
ni para gritar de puro espanto
ni siquiera para eso estuve
en la esquina.
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Nos fuimos
sólo para pasar el resto de nuestras vidas
buscando algo que abrace
esta forma de muerte
tan parecida a la libertad
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Salmo

Hoy no has ido al mar.
Has vivido setenta años de tierra
para ofrecer la grieta áspera de tus yemas
y esa culpa.
Hoy, como siempre, pescador,
te has sentado de espaldas al muelle a sentir
pasar la red sobre tus hermanos,
aquellos elegidos para morir con la palabra
pendiendo de los labios, el mar moviéndolos algas
hasta ser consumidos por la sal.

Aceptas el blanco corroído de tu pan
como el precio justo que debías pagar por arrancar
peces del cemento para tus hijas,
y la mujer a tu lado
la que al tornar los ojos hacia la capilla
se dio cuenta del error:
los restos de tul en altar
sembrándose,
……………………………..mas no había tul para los ojos
……………………………..no había tul para los pasos,
la que ha sido piedra a pesar del sol
que le llevas impasible en tu frente.

Sólo te preguntas por qué te han olvidado
si habías escrito en tu lengua tosca
un paso firme sobre la arena.
Un paso firme.
Y qué quedará entonces de ti,
si hemos olvidado ya a Jesús,
si de la Tierra se borraron los mares para ser
arena gris que no cae
ni sostiene.

Hoy quiero memorizar tu sol como a una cruz astillada
en mi frente, quiero creer en el lenguaje olvidado de tu pueblo
y en el gesto de las manos que repetiste incansable para sobrevivir
en el concreto calcinado;
agradecer los ojos que han permanecido en el salitre
despiertos ante la caída de la piel,
escarbar el arenoso cuero de mi cabeza,
escarbar hasta la piedra,
regresar con musgo húmedo
entre las uñas.
Roguemos.

…………………………………………………………….para Angelo Domenico

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Ante cualquier lejanía que escribieras, respondería un pétalo en la cumbre.
Un nuevo temblor en mi seno violáceo, irremediablemente quebrado
por el borde de tu cama. Y esta certeza,
en ella mi espalda suspendida,
como pez que entiende la ternura de cesar y
se deja anochecer en el fondo, pudrirse sin aspavientos como hoja seca.
¿Y si tanto aroma finalmente me esculpía un rostro virado
hacia tu memoria?
Sólo quería detenerlo todo en un gesto y
entregártelo.
Tener frente a ti
ojos en los ojos
vientre en el vientre
pulmón.

 

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Ania Varez. Venezuela, 1991. Es artista y poeta, residenciada en Bristol, Reino Unido. Licenciada en Artes de la London Contemporary Dance School (2015). En su práctica creativa, utiliza movimiento y lenguaje como herramientas para el reconocimiento social y el cambio. Su trabajo aparece en diferentes medios, desde conversaciones de uno a uno, hasta intervenciones del espacio público, instalaciones, improvisación y textos. Su trabajo ha sido mostrado en el teatro Robert Howard (Londres), la Galería Nacional de Arte (Caracas), el Bolívar Hall de la Embajada de Venezuela (Londres) y recientemente como participante de la residencia artística Tree Tree Tree Person II, en Taiwán. Ania es miembro de Interval, una red de artistas que comparten una base en Bristol, y The Sparse Collective, un grupo internacional de bailarines que trabajan alrededor de Europa y el Reino Unido. Ha participado en talleres de poesía con Edda Armas y Gabriela Kizer. Su primer libro, No es la línea ni el segundo, fue publicado por la Editorial bid&co en el 2012.

La fotografía que ilustra este post es de Leonardo González Alcalá y fue intervenida digitalmente por el equipo de POESIA.