Algunos poetas franceses del siglo XXV

 

René Daumal

 

Hemos escogido estos extractos de una futura antología entre los textos más accesibles a un francés del siglo XX, y entre los más «humanos», en el sentido, –de ser sentido– que nosotros damos al término: es decir que no pueden ser– ni los mejores ni los peores. La necesidad de traducir nos ha puesto en una situación bastante delicada. A pesar de todos los temores que en el siglo XX la publicidad, la prensa, la radiodifusión, la jerga técnica pudieran hacer «concebir» (como se dijera caprichosamente en el momento), el francés había conservado en el XXV el privilegio de ser una lengua en la que nada vago pudiera decirse correctamente. Al mismo tiempo, había recobrado, gracias a las relaciones bien digeridas con diferentes lenguas, la riqueza y la substancialidad de imágenes que la cirugía severa del siglo XVI lo había privado. Además qué maravilla! Siguiendo de cerca a los estadounidenses, el francés se convertiría en una especie de chino, una lengua casi monosilábica, donde sus elementos constitutivos serían locuciones estereotipadas, ligadas entre ellas por relaciones de acento tónico y orden de sucesión. Nuestras traducciones, lamentablemente, «sacrifican» frecuentemente –hagamos notar aquí que para un francés del siglo XX «sacrificar» implica «perder» y «disminuir»– «sacrifican» frecuentemente, digamos en el sentido intelectual, el valor «encantatorio» (1) de los poemas. «No excusamos» –como se decía en el siglo XX, cuando, de hecho, se tenía la tendencia a excusarse a sí mismos de no importa qué, remisos que eran de la jerarquía implicada en la noción del perdón– «en presencia de nuestros lectores», según la fórmula mágica consagrada, en la que la virtud era tan grande entonces que los lectores así honrados se arrogaban ingenuamente el derecho de perdonar, y todo el mundo estaba convencido que esta difícil operación del perdón era bellamente consumada. En varios casos, no obstante, pudimos conservar el sabor aproximado de algunas expresiones en las que tratamos de adoptar el compromiso entre ambas lenguas.

Para dar una «idea» de las dificultades de comprensión, de una y otra época, recordamos que hacia 2440 se gritaba en son de guasa y paradoja cuando el profesor Henifle proclamó que en los siglos XIX y XX siquiera se sospechaba que la poesía podía y debía ser cimentada sobre el conocimiento sentido del hombre y del lenguaje,– que el poeta de entonces no se creía ligado a ningún aprendizaje del «oficio interior», –que no existía enseñanza poética, que la poesía pasaba por ser la combinación de un «don» misterioso con una cierta habilidad externa, –y que se podía recibir el título de «poeta» siendo un intelectual confuso, borracho, un charlatán o simplemente un ambicioso. Por lo tanto, Henifle se apoyaba en documentos de la época, ante los cuales se debió inclinar. Es verdad también que en el siglo XXV, si los poetas pretendían trabajar según una ciencia y una técnica interior de la articulación y de la significación, no era más que una pretensión; había, para la mayoría, un abismo entre la teoría y el hecho, como se adivina en los ejemplos que siguen.

Cuidadosos, como lo hemos dicho, de presentar obras fácilmente accesibles a los lectores del siglo XX, escogeremos nuestros extractos principalmente entre los «escribidores» -poetas un tanto arcaizantes, quienes trasmitían aún sus obras mediante la escritura, reproducida por fotografías, microfilms, o incluso por viejos procedimientos tipográficos.

Roger Notorie (2330-2431) es la figura dominante de este grupo. Célebre sobre todo por sus búsquedas en la «curvatura de la numeración», y los tres tercetos que encabezaran su tratado sobre el asunto son uno de los mejores ejemplos del «lirismo matemático» en pro de su época. He aquí la traducción:

Tras el espacio y el tiempo
Se necesita curvar los números,
Como quien se acuesta para morir.

Hay un número absoluto
Tras el cual no se puede contar más,
Como no se puede más contar sino consigo.

Consigo y no más con sus dedos,
Cuando se acuesta para morir,
Consigo, pero quién, quién cuenta?

 Su Biographie sommaire dictada por el autor en su lecho de muerte es para citarla totalmente:

Nací sin saber ni siquiera una palabra,
a los quince años ya sabía diez mil,
y no había avanzado más.

A los veinte sabía como cien mil
pero no comprendía nada,
salvo los gritos.

A los treinta años aprendí a aullar
cuando me sentía cortado
en dos aunque siempre entero.

A los cuarenta años,
gracias a la paciencia de mis maestros,
aprendí a decir algunas palabras.

A los sesenta años me circundé
de una muralla de discursos
para proteger mi silencio.

A los ochenta años,
a mis ochenta pequeños hijos
les conté seiscientos cuarenta mil cuentos

A los cien años hice mis maletas,
puse la llave bajo la estera
y dije: buenas noches, compañía.

Jean Dussucre (2345-2429), alumno y colaborador de Roger Notoire, fue también un poeta activo, solicitado como Experto de Empadronamiento al Congreso ético de Tombuctu en 2400, ridiculizó a los jefes de estado presentes con un cuarteto improvisado que convirtió en una explosión de risas una dolorosa tensión internacional. Citaremos este cuarteto, con los comentarios indispensables.

Cuarteto Improvisado en el Congreso Ético de Tombuctu en 2400

Ustedes son de tal forma inteligentes (2)
ustedes tienen tan buen corazán (3)
y ustedes son tan pero tan fuertes (4)
que unos a los otros se tiran el sombrero (5)

De una vena diferente es la obra de Agréable Auguste (2380-2445), gran viajero subterráneo, quien fuera condenado a muerte y autolisado, en tiempo de la dictadura de los Contramáquinas por haber poseído una afeitadora eléctrica. Sus poemas, canciones, epigramas, fábulas y anécdotas, tuvieron mucho éxito en todas las camadas sociales. Enriqueció la lengua con numerosos proverbios, refranes y metáforas. Agregamos dos pequeños poemas de él:

Charloteo

Yo tano, yo siempre he tanado y tanaré siempre, con todo mi tanor. Inclusor no puedo, otror no desdeño, tanor soy. Y por la barba! taneros, taneros, con todo nuestro tanor. Dices que eso me daña? Si eso me ama, todo me es tan, y por la barba y el artificio, me tano y yo te retano, falsos tanores, con todo mi tanor. Te apuesto diez mil quizá contra un saco de suposiciones que a pesar de todo tu tanor, no podrás tanar mi tan, y por la barba y el artificio, por la farsa y la mitollada, tanaré siempre y en cualquier parte, abundantemente.

 

 El peón, el pilote y el liripiado,

                        Fábula

Un peón peonsaba: «Me falta lirismo,
tengo en la cabeza plomo, no tengo alas en los pies.

 Que no pilote! Que no peana! Que no liripipo!»
Pues, un pilote que pasaba, con grandes golpes de machote,
escuchó este funeral y dijo entre dos fiones:
«No peones tan fuerte, tienes aire de poeta,
……..pero lanza antes tu pie
……..a la espalda de mi machoiador»
……..
El peón siguió el buen consejo
 ……..y fue pronto encarcelado:
……..
no es más que un liripipado.

 Otro enemigo del neo-maquinismo, Juies Platre, escribió las Jérémíades a l’ancienne mode, en este tono:

Vuelen, cuervos malignos, (6)
……..sobre la tierra
déjenme hacer en mis campos
……..los cultivos hortelanos.

Entrenaba a los poetas que los utilizaban para vender sus servicios a los ricos estancieros y perjudicaba en verdad la pureza de sus intenciones.

En reacción contra estas tendencias, los Nuevos bardos, ansiosos de devolver a la poesía su eficacia directa recorrían el país en pequeños grupos, cantando, danzando, zumbando, cronicando, entreteniendo, mimoqueando, edificando. Ningún documento escrito nos ha llegado para permitir ofrecer una muestra de su poesía, salvo cuatro versos de invectiva endilgada por un grupo de Nuevos bardos a los miembros de una célebre sociedad erudita, que les atacara judicialmente, por lo que estos cuatro versos fueran consignados en las piezas del proceso:

Curvos versos sueltos, larvas pomposas, filosofantes
zarandeantes, renacuajos con casco, carazas rojas felices,
ya podridos, pero llenos de esperanzas,
ya hediondos, cubiertos de gloria …

Un afán parecido de eficacia es lo que hizo nacer la «poesía intrusista». Los Intrusistas ven la poesía como una poderosa palanca psicológica. Un poema, según ellos, debe cambiar al lector de una forma real y duradera. El poema intrusista, en general muy breve y escrito con un lenguaje muy simple, se caracteriza por acompañarse de una «forma de usar», breve puesta en escena que indica al lector en qué condiciones debe «tomar» el poema. De lo contrario, dice la poeta Compelline Trare (2500-2585), fundadora de la escuela, es como si tuvieses los medicamentos sin saber cómo ingerirlos, y que te contentases con mirarlos … Come! Te doy el fármaco de manera que te sirva. Aquí tenemos, entre mil, un pequeño poema intrusista de Joliboabca (2509-2545):

El hombre invisible

(Para recitar en la noche, antes de acostarse, frente al espejo, desnudo con un sombrero en la cabeza, tapándose las orejas con los pulgares, los dedos separados. Aprender el poema de memoria (7), luego recitarlo una primera vez mirándose a los ojos, y una segunda, con los ojos cerrados, pero comenzando por el último verso.)

Pasé mi día bien inteligentemente,
y la noche viene, trayendo su recompensa.
Mostré todas mis gesticulaciones, nadie vio mi rostro,
Nada ví y nadie me ha visto.
«Soy el hombre invisible» diría,
Si estuviese bien seguro de ser un hombre.

Los últimos poetas intrusistas – los de los últimos veinte años del siglo se entregaron infelizmente a la brujería vulgar.

Desde el Siglo XXII, diferentes grupos de poetas, en busca de un lenguaje verdaderamente universal, tratarían de expresarse por ideogramas. Sus experiencias, bastante engañosas, desembocaron en obras ya pueriles ya abstrusas y frecuentemente ambas cosas a la vez. En la época que nos interesa, los Ideografistas eran prácticamente humoristas o poetas de salón. Algunos escribirían deliciosos opúsculos, pero como se trata aquí de poesía en lengua francesa, los dejaremos de lado.

Citemos solamente a la poeta Esbigne Oeuf (2431-2500), quien tras haber escrito poemas ideografistas donde se reflejaban otras preocupaciones místicas de entonces, retornó a la poesía vocal. Mostramos acá uno de sus poemas de la última tendencia, cuya traducción nos ha dado mucho trabajo:

El grave

Remira del fondo de leer, a lo largo de los escritos,
uno el uno que lo cuestiona
del peor lobo.
Nunca nunca un retuerzo
dicho y hecho
quien labra
quien
labura,
el abrigo,
el abrigo aquí, el abrigo allá,
el abrigo chirrisquea, el abrigo solventa,
el abrigo me abraza un hueso
y dos y tres y todo.

El hábito,
el hábito aquí, el hábito allá,
el hábito chancea, el hábito gusta,
el hábito me abraza un hueso
y dos y tres y todo.

La vida,
la vida aquí, la vida allá,
la vida cojea, la vida desholleja,
la vida, el abrigo, el hábito.

Aunque la vida del peor lobo
laburando el retuerzo
me aguza al viento, adónde vas?

y por ello nos iremos
haciendo un gran paquete
con tal que chispee el pedernal
del fondo.

Pero dónde está la poesía en todo esto, te dirás? La verdadera, la grande, aquella que te para en seco, que te pone los pelos de punta y te enjuga la garganta, que te divide el diamante en tus partes constituyentes y te junta al mismo tiempo a una flecha directamente lanzada a toda velocidad donde todo muere en luz, que orienta, abraza, apuña y consagra, la verdadera, la grande?

Ella no es futuro, no es pasado, es o no es. Allí donde se habla de ella, no está. En el silencio fuera de todo tiempo donde ella vela, sumerjámonos sin el deseo de volver. Muchos se ahogarán, algunos la harán brotar.

 

 

 

 

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Notas
(1) Esta palabra traduce el verbo san-sing-tü «guiar con la ayuda de un canto». Por ejemplo, los «neopájaros» productos de injertos cromosónicos, y que reemplazan en el siglo XXV a los antiguos «aviones de transporte» son san-sing-tuisés que sirven de medios de locomoción al hombre. Las «neovacas», todas de ubre, producidas por nuevos métodos de cultivo tisular, son san-sing-tuisés que abastecen al hombre de leche nutritiva y deliciosa etc.
(2) Alusión, sin lugar a dudas, a Protarque de Chtibye, quien terminaba de publicar su Epistémologie á repérages multiples, donde probaba que dos y dos eran por más tiempo cuatro para un hombre saciado que para un hombre hambriento.
(3) Probablemente al ingenio de Peuroi, soverano de todos los pueblos de menos de 800 habitantes de Australia quien consiguió el primer injerto animal/vegetal, mezclando los cromosomas de lechuga con conejo de monte, esperaba poner fin a los conflictos rnilenarios entre los sedentarios y los nómadas: los sedentarios cazarían lechugas y los nómadas sembrarían conejos. Se sabe de los resultados lamentables de estas experiencias: todo se rnineralizó.
(4) Este verso aludía a los «Ingeniosos republicanos», quienes habían perfeccionado tanto el cultivo de tejidos que la expresión «carne de cañón» dejo se ser una simple metáfora.
(5) Juego de palabras intraducibles al francés del siglo XX «sombrero» traduce a Tyos-tyat, especie de gorra con visera: la palabra ya para 1940 en el habla de París por lo que parece comenzó a surgir. Se trata aquí, bien entendido, de los «neocuervos» de cultivo, empleados en los servicios de vialidad.
(7) Es difícil saber si la expresión que nosotros traducimos «de memoria» (par coeur por corazón o de corazón literalmente en francés N.T.) significa, para el siglo XXV, «mediante el corazón» (au mvyen du coeur), o si tiene el sentido de «memoria» (par tete) que es el significado general del siglo XX. (el juego es un poco difícil en castellano, sin embargo la palabra acordarse podría dar la idea de corazón que etimológicamente ella tiene. N.T.)

 

El texto Algunos poetas franceses del siglo XXV del René Daumal se encuentra publicado en nuestra edición impresa de Poesía nro. 111-112, 1996, pp. 1-8. Fue traducido directamente del francés por el poeta Reynaldo Pérez Só.