Algunos anónimos alemanes

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La anonimia nunca ha dejado de fascinar. Poemas que perdieron su autor, unas veces por exceso de humildad y otras, quién sabe, con la intención de que ocurriese así o simplemente su autor desaparece entre la oralidad y la escritura insipiente en unos años, cuando esta fue el saber de los muy pocos contra una mayoría abultada analfabeta. De cualquier forma, no se trataba entonces, quizá, de los egos artísticos, de rúbrica, que fueron amenazando a partir del llamado Renacimiento, más bien se buscaba el decir, en tanto fuera parte del momento y la hechura. El resto, los deseos de perpetuación en un mundo contingente, pertenecía a la mera vanidad. La obra debía morir con el autor y el poeta se sabe intrascendente, en el sentido moderno de la palabra, tal como realmente fuera lo justo.

Por otra parte, este tipo de poema permitía al lector agregar, adaptar a las circunstancias, personalizar el texto, agilizarlo en la canción y en toda manifestación oral. El poema no moría en los rígidos moldes del individuo, los límites naturales del hombre particular, sino que se hace cuerpo vivo de uso colectivo, tribal.

Se ha dicho que el sueño de todo poeta es convertirse en poeta anónimo. Nada más lejos en nuestro tiempo. Se quisiera, pero se quisiera ser el «anónimo» conocido, exacerbación de Narciso como pretendiera Pablo Neruda con sus «versos del capitán»  los poetas «populares», ex professo de la literatura latinoamericana incluidos uno que otro nacional. Populares como el anónimo, pero «nóminos». Existe, sin embargo, otra clase de poema que va perdiendo al autor mientras va ganando otros, de tal manera que el primero desaparece por efectos de la intususcepción devorado con otras coberturas y por supuesto, uno queda anónimo y el otro asume la autoría. De aquí las llamadas influencias y la forma pedestre del plagio. Asunto de una discusión aparte que lo que nos toca aquí es sobre la anonimia en cuanto a tal, de carácter pretérito porque la modernidad agrega concomitantes bien diferentes.

La anonimia poética actual tal vez con la impronta de aquella antigua poesía, pudiera verse en los escritos solitarios de las paredes de las grandes ciudades, los mensajes mudos de las celdas, los retretes, las casas abandonadas e incluso en internet…

R. P. S.

 

 

 

Tú eres mío, yo soy tuya

Tú eres mío, yo soy tuya,
y debes saberlo.
Estás encerrado en mí
corazón,
y la llave, perdida.
Tú debes, siempre, mantenerte adentro.

(S. XII)

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Flored silva undique

Flored silva indique,
mi amigo es mi queja,
el bosque reverdece por donde quiera
donde se encuentra mi amigo hace tiempo,
de aquí se fue cabalgando ay, quién podrá amarme*?

(S. XIII)

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Canción popular

Nuestra querida señora
del frío manantial
regala a estos pobres siervos
un tibio sol,
para que no nos helemos!
Porque en el albergue
Llevamos un saco lleno
y uno vacío tiene.

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Si yo fuese

Si acaso fuese yo mínima ave,
y pequeñas alas tuviera,
entonces a ti me iría volando,
pero no puede ser no
y debo quedarme lejos y solo aquí.

Uno del otro estamos distantes,
Pero hacia tu sueño me voy contigo,
y me voy conversando y me contestas
hasta que al despertar
la soledad me cubre.

Ninguna hora de la noche pasa
sin que mi pecho no despierte
y ahí mi pensamiento se posa en ti,
que a mí mil veces mil
el mismo pecho diste.

(S. XVII)

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En un paseo nocturno estaba
cuando iba a lo largo de la calle.
La luna era tan lúgubre
que no se veía camino alguno.

«Abre, abre, ángel mío,
abre, deja entrar al amado,
tengo tanto tiempo esperando
que casi estoy congelado».

Pero de noche,
de noche, casi a la
……………..medianoche,
un golpe se oyó en la ventana del cuarto,
y la madre despierta
Hija querida qué es lo que pasa?

Oh, madre, esa pena el pequeño gato
que juega al ratón con un ratón de veras
que ahora está prisionero,
y que demasiado trabajo le ha dado.

(S. XV – XVI)

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Oh Estrasburgo, oh Estrasburgo

Ciudad maravillosa, oh Estrasburgo, Oh Estrasburgo,
en ti yace más de un soldado muerto.

Más de un hermoso y valiente soldado,
que al padre y madre malamente ha dejado.

Dejado, dejado, no puede ser de otra forma
en Estrasburgo, en Estrasburgo, se requieren soldados.

La madre, la madre se fue ante la casa del capitán:
«Ah, capitán, querido capitán, devuélveme a mi hijo!»

Y si me ofrecen tanto dinero,
entonces el hijo debe morir en un lejano, ancho mundo.

«En un lejano, ancho mundo, al frente, ante el enemigo,
Aunque con amargo llanto su novia se duela»

Llora, gimotea, se queja demasiado ella:
Duerme, mi querido, pequeño tesoro, nunca más voy a verte.

(S. XVIII)

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Rosa de invierno

Una rosa ha brotado
de la tenue raíz,
como los antiguos nos cantaron,
de Jesé vino la especie,
y una diminuta flor
en medio del frío invierno,
en la mitad de la noche,
ha surgido.

La pequeña rosa que pienso,
de la que Isaías habla
nos la ha traído
solo María, la pura y niña
del eterno consejo de Dios
en la mitad de la noche,
un niño ella ha parido.

(S. XVIII)

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Adiós

Mañana debo irme lejos de acá
y debo retirarme.
Oh tú, el más bello de los adornos,
Partir me da tristeza.
Yo que con tanta fidelidad te he amado
más allá de toda medida,
y debo dejarte.

Cuando dos son buenos amigos,
y uno al otro se conocen,
antes que ellos se separen,
el sol y la luna se encuentran.
Demasiado grande es todavía el dolor
si a un fiel corazón enamorado
bien lejos se le arrastra.

Piensa, si te roza el aire
en las manos y las mejillas,
que un quejido de amor yo te mando,
miles cada día te envío
de los que soplan por tu casa,
porque yo en ti estoy pensando.

(S. XVIII)

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Notas

*minne: difícil de traducir, pensamiento de amor, amor poético, cortés. Recordar.

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«Algunos Anónimos Alemanes» fue tomado de la edición impresa de Poesía nº 121. Los textos fueron vertidos al castellano directamente del alemán por el poeta Reynaldo Pérez Só, siendo cotejados algunas con las versiones en prosa de G. V. Amoretti al italiano y con Geir Campos del brasilero.